¿Cómo afectan los dibujos animados a los niños?

Hace un par de meses se puso en contacto conmigo una periodista —Patricia Peyró Jiménez— solicitando mi colaboración para un artículo que pensaba escribir sobre el modo en que los dibujos animados pueden o no afectar a los niños.

Como siempre suele suceder, y a pesar de que mi colaboración consistió en responder a varias cuestiones planteadas por Patricia, al final sólo aparecieron en “El País” unos párrafos reflejando mi opinión, motivo por el cual se me ha ocurrido la idea de transcribir la entrevista completa por entender que aporta una información muy interesante.

Al final del texto adjunto un enlace al artículo que finalmente fue publicado y por el que felicito a Patricia Peyró, a la vez que le agradezco que confiara en mi como fuente de información.

¿Cómo afectan los dibujos animados a los niños?

¿Cómo afectan los dibujos animados a los niños?

Pregunta – ¿Cómo afectan los dibujos animados a los niños y qué papel tienen en su educación?

Respuesta – Hay una tendencia defensiva por parte de muchos padres, a considerar que los dibujos animados “no tienen nada de malo” y dar por supuesto que “están supervisados por un equipo de psicólogos y guionistas especializados”, y que por ello carecen de peligro alguno para sus hijos.

Sin embargo, la práctica demuestra que la violencia en los dibujos animados (al igual que en muchos programas de televisión que un niño nunca debería ver) es tan frecuente como preocupante.

Un tiempo excesivo del niño ante la pantalla de TV o el monitor del ordenador puede enseñarle que el modo de resolver ciertos problemas en la vida real es hacer las cosas tal cual actúan los superhéroes y aquellas actuaciones fantásticas que el niño asimila como superpoderes.

La identificación con protagonistas de los dibujos lleva consigo una mimetización tal que les impele, ya no a vestir como sus referentes (pijamas, disfraces…) sino actuar bajo la consigna de “lo que puede hacer mi héroe también lo puedo hacer yo”.

P – ¿Cuánto tiempo de dibujos diarios podría ser recomendable?

R – Recientes estudios demuestran que el promedio de tiempo que los niños españoles —de entre cuatro y doce años— pasan delante de la televisión, es de dos horas y media al día. En otros países como EE.UU. la cifra es aun más alarmante ya que fluctúa entre las tres y las cuatro horas.

Si bien no hay un consenso acerca del tiempo que un niño puede ver dibujos animados (o televisión en general) sin que le ocasione perjuicios, lo ideal sería que nunca rebasara los sesenta minutos diarios.

P – ¿Cuáles podrían ser las consecuencias de una exposición mayor?

R – Una excesiva exposición al visionado de dibujos animados puede ser fuente de ansiedad en el niño, mermar su capacidad creativa, fomentar la agresividad y alentarle a buscar emociones y sensaciones potencialmente peligrosas para su integridad física y su salud mental.

Emocionalmente, lo que le llega al niño a través de la pantalla no suelen ser sensaciones positivas y productivas (pese a la aparente gratificación que les suponer disfrutar con las aventuras de sus héroes), sino más bien sentimientos del tipo pena o rabia, intensos sobre todo cuando finaliza un episodio y el niño se ve forzado a regresar al mundo real y afrontar sus obligaciones de cada día.

Llama la atención que la tendencia natural de los niños cuando se juntan, no es la de sentarse a ver dibujos en televisión sino mas bien jugar llevando a cabo actividades colaborativas. Lo habitual es que la televisión se disfrute más en solitario y que cuando se incorporan uno o más iguales, se prescinda de la tele y para iniciar un juego participativo en lugar de compartir pasivamente los dibujos animados como único foco de atención.

Es muy probable que cuando un niño ve demasiada televisión en su entorno doméstico, le cueste interactuar con sus compañeros en la escuela y que presente problemas de aprendizaje, debido a que las horas dedicadas a ver televisión se restan a las de la lectura, el estudio o cualquier otra actividad que ejercite la mente y la creatividad.

Los dibujos animados predisponen a una pasividad cognitiva que merma la habilidad para concentrarse e incorporar nuevos contenidos al bagaje de conocimientos del niño.

Es función de los padres supervisar y reducir el tiempo que el niño está delante de la pantalla, incentivándole a que acometa actividades menos pasivas e interiorizar que los personajes a los que admira no son seres reales.

P – ¿Los dibujos ayudan a desarrollar la empatía en el niño o, por el contrario, impiden que se desarrolle en contextos reales?

R – Los dibujos animados pueden ayudar a desarrollar la empatía en los niños tanto como dificultar que se desarrollen en contextos reales, pero también es posible que suceda justo contrario. Todo estará en función de que el tipo de dibujos que se les ofrezca al niño (la temática de la historia, la dinámica de interrelación entre los protagonistas…) sean o no adecuados para su tramo de edad y, en general, para un niño.

Los niños comienzan a desarrollar muy precozmente su capacidad empática, y ésta puede ser mucho más veraz y espontánea que en la mayoría de los adultos. Resulta enternecedor contemplar la imagen de una niña de dos años llorando desconsoladamente al ver unos dibujos animados en la que las Chipettes de Alvin y las Ardillas cuidan a un pequeño pingüino que se ha perdido de sus padres.

Puede verse en este video:

Más o menos a la edad de la niña que aparece en video (sobre los dos años) es cuando los niños comienzan a desarrollar la capacidad para sintonizar emocionalmente con los demás (es decir, la empatía), una emoción basada en buena parte en la conciencia de uno mismo.

En esos casos, los niños pueden manifestar reacciones de llanto por angustia empática, mientras en antes de los dos años lo que se suele manifestar es llanto por contagio al ver llorar a otro niño.

Una trama argumental que fomente emocionalmente una respuesta de llanto empático, no tiene porqué ser perjudicial para el niño, sin embargo, forzar la sensibilidad infantil más allá del límite del sufrimiento sí que podría ser cruel y no aportar nada positivo a la evolución de su afectividad.

P – ¿Cómo afectan los dibujos a las emociones? ¿Cómo puede ser bueno para un niño ver “dramones” tipo Marco o la muerte de la madre de Bambi? ¿En qué les ayuda?

R – Ya he comentado en la respuesta anterior que una trama argumental que fomente emocionalmente una respuesta de llanto empático, no tiene porqué ser perjudicial para el niño, mientras que forzar la sensibilidad infantil más allá del límite del sufrimiento puede afectarle tanto en sufrimiento como al no aportar nada positivo a la evolución de su afectividad.

Es habitual que un niño sufra cuando le suceda algo malo a uno de los padres del protagonista de los dibujos o la película que está viendo, por ejemplo la separación y aun más la muerte. Dos ejemplos son la muerte de la madre de Bambi o la cruel separación de Dumbo de su progenitora.

También la muerte de un niño en la pantalla promueve un terrible dolor a los más pequeños que aun no tienen sentido de su propia mortalidad. Las consecuencias emocionales de estas situaciones pueden ser traumatizantes. Igualmente sucede cuando un niño contempla en la pantalla la muerte de un animal inocente, sobre todo aquellos niños que tienen mascota y especialmente un perro.

Si bien los niños más mayores pueden comprender hasta cierto punto la muerte y las pérdidas por separación, también están expuestos a sufrir al ver escenas que produzcan miedo, situaciones violentas, secuestros, y todas aquellas dotadas de una carga emotiva lo suficientemente intensa para afectarles emocionalmente, provocarles miedo a sufrir o bien contemplar la muerte como un castigo. Es estos casos es muy importante que los padres estén alerta y dispuestos a aclarar al niño todas sus dudas, responder a sus preguntas y negociar hábilmente para evitar que su hijo vea una película para la que aun no está lo suficientemente maduro.

P – ¿Lo grosero y lo grotesco en qué convienen a los niños? (pedos, culos, vocabulario informal, gamberradas…)

R – En primer lugar deberíamos considerar que, aunque existe una gran variedad de dibujos animados, no todos están indicados para un público infantil ni son adecuados para niños aunque se publiciten como destinado a ellos.

El mero hecho de que una serie televisiva esté producida en formato de dibujos, no la convierte en recomendable para consumo de los niños, un error en el que muchos padres incurren al permitir ver a sus hijos dibujos de su nulo contenido educativo sino y temáticas e ingredientes —por ejemplo, incitación a la violencia— que el niño no está maduro para asimilar.

Es el caso de Dragon Ball Super, cuya violencia (prácticamente en todas las escenas) la hace desaconsejable para los más pequeños.

Tampoco es recomendable para los más pequeños la serie Bob Esponja, no sólo por su humor negro —imposible de entender a estas edades— sino por las ideas absurdas que propone y llevan a cabo los protagonistas (por ejemplo, en un el capítulo se aconseja meter los pies en aceite hirviendo para curar un resfriado).

Un ejemplo más lo encontramos en la permisividad con que muchos padres permiten a sus hijos ver Los Simpson, una serie no debería autorizarse para menores de 12-14 años por los comportamientos absurdos o violentos que exhiben los personajes y lo excesivamente marcados que están los roles de género.

P – ¿Qué pesan más, los personajes o las historias?

R – Tanto los personajes —y sus rasgos caracterológicos y comportamentales— como las historias son importantes, sobre todo en la medida en que inciten al niño a equiparar la realidad con la ficción.

P – ¿Qué sucede cuando alguno de los personajes tiene una psicopatología o desorden psicológico (ejemplo es evitativo o inseguro como Charlie Brown o agresivo como Homer Simpson)? ¿Debemos, en este caso tomar alguna precaución los padres?

R – Tanto en los dibujos animados como en el mundo real, es posible encontrar a personajes con síntomas compatibles con ciertos trastornos psicológicos.

En el personaje de Charlie Brown se percibe una clara un trastorno de la personalidad por evitación. Se trata de un desorden consistente en una inhibición social (más o menos completa, más o menos invalidante) asociada a una hipersensibilidad a la crítica negativa, miedo intenso al rechazo y una gran carga de ansiedad.

Homer Simpson presenta crisis explosivas de carácter recurrente e intermitente, u comportamiento propio de las personas incapaces de controlar sus impulsos violentos que, tras sufrir uno de sus episodios, se desinflan como un globo y dan muestras de vergüenza y arrepentimiento.

Bob Esponja es otro caso digno de mención que se ha relacionado con el Síndrome de Williams, un proceso caracterizado por una aparente falta de inhibición social, tendencia a utilizar en demasía el habla (que es muy rica en descripciones emocionales), utilizar vocablos poco usuales y manifestar cierta deficiencia intelectual así como una personalidad es excesivamente amigable, desinhibida, entusiasta y propensa a seguir adocenadamente las iniciativas del grupo al que se pertenece.

Citaré como último ejemplo a Igor (de Winnie the Pooh) , personaje con signos sujetivos de un trastorno afectivo conocido como distimia (personas sombrías y poco propensas a disfrutar y a sentir alegría, críticas y quejumbrosas, desinteresadas por los quehaceres cotidianos, desesperanzadas y con una baja autoestima).

P – Algunos psicólogos expresan que los niños de hoy están sobre-estimulados hasta el punto de estar perdiendo la capacidad de aprender. ¿Estás de acuerdo? ¿Por qué? ¿Tú qué opinas?

R – Ciertamente, en nuestra sociedad es cada vez mayor el número de niños sometidos a una sobreestimulación, un hecho que puede derivar en consecuencias no deseadas.

Uno de los principales responsables de la sobreestimulación infantil son los dispositivos tecnológicos (desde una tablet a la pantalla de plasma doméstica) que muchos padres utilizan para calmar a sus hijos sin ser conscientes de la nefastas consecuencias que esto conlleva.

Ofrecer al niño el teléfono móvil en un restaurante o en una reunión para que no moleste, es permitir que acceda a una información tal vez inadecuada para él.

Se observa también el ansia de algunos padres porque sus hijos superen rápidamente los estadios de su natural desarrollo, y que adquieran unas habilidades inadecuadas para su edad, aptitudes que les animan a demostrar en publico para exhibirlos como cerebritos tecnológicos, sin ser conscientes de la carga de ansiedad, e incluso miedo escénico que puede experimentar el niño.

Destaquemos algunas de las principales consecuencias negativas inherentes a la sobreestimulación infantil:

  • Falta de tiempo para si mismo por culpa de un exceso de tareas
  • Problemas de atención, por tener que atender a varias actividades a la vez como estudiar, estar pendiente de una red social en el móvil y al mismo tiempo tener música conectada o el televisor encendido. Consideremos que cuando se multiplican los estímulos, la atención se divide y el riesgo de bajar el rendimiento en alguna de ellas aumenta (sobre todo si requiere el esfuerzo de asimilar frases complejas, conceptos abstractos o incorporar neologismos) al tiempo que a probabilidad de sufrir consecuencias del estrés es cada vez mayor (por ejemplo, aparición de tics)
  • Inconformismo anticipativo que dificulta al niño para disfrutar del presente, el aquí y ahora (por ejemplo, no prestar atención a la película que sus padres le han llevado e ver por estar pensando lo que harán el día siguiente.
  • Baja tolerancia a la frustración conforme mayor sea el numero de actividades que se emprenden. Son niños que suelen mostrarse impaciencia en las esperas (al hacer colas, al aguardar turnos, al escuchar atentamente lo que les dice un mayor…), debido a la autoexigencia que se imponen para hacer cada vez más cosas.
  • Falta de tiempo libre y nula opción al aburrimiento tan necesario para que la mente ponga en marcha proyectos para superarlo. La consecuencia es una merma en las iniciativas y en la creatividad.
  • Trastornos en el aprendizaje conforme se fuerza al niño a acometer tareas inadecuadas para su momento evolutivo del desarrollo.
  • Los niños sobreestimulados corren el riesgo de ser diagnosticados equivocadamente de TDAH, una enfermedad en la que el hiperdiagnóstico es muy frecuente.

P – ¿Crees que los dibujos transmiten mensajes subliminales? (Ej. sobre la homosexualidad, la ecología, la salud, los modelos familiares…) ¿Qué temas consideras oportunos y cuáles no?

R – Los mensajes subliminales existen, y aunque no son fácilmente percibidos por el consciente, quedan anclados en el subconsciente.

Un mensaje subliminal es una señal diseñada para pasar por debajo de los límites (sub-límite) normales de la percepción, por ejemplo, un mensaje contenido en una canción que sea inaudible para la mente consciente pero si perceptible para inconsciente; o una imagen transmitida de un modo tan breve (una décima de segundo) que pase desapercibida para la consciencia pero no para el inconsciente.

Estos mensajes pueden abarcar desde simples consignas comerciales para inducir el consumo, hasta mensajes que pueden cambiar la actitud de un individuo.

Por lo general suelen utilizarse con fines comerciales que afectan tanto a los adultos como sobre todo a los niños, influyendo considerablemente en las demandas de estos últimos o en su forma de actuar y pensar pues la infancia es un blanco fácil por la gran capacidad de absorción de información inherente a esta etapa del desarrollo. Unos dibujos animados aparentemente inofensivos pueden contener mensajes subliminales que influyan en conceptos y estereotipos referentes a sexualidad, violencia o xenofobia, por poner tan sólo tres ejemplos.

Hay interesante bibliografía al respecto, por ejemplo:

  • Key, W.B. (1988). Seduccion subliminal.
  • Diana (Eds.). Lenguaje dentro del lenguaje (p.p 42-49) Mexico, D.F.

P – ¿Cómo serían los dibujos animados perfectos? Si quieres haz alguna recomendación por edades.

R – Es imposible responder a esta pregunta sin extenderse en exceso, no obstante facilitaré la tarea al lector recomendando el trabajo de dos investigadores del departamento de Dibujo de la Universidad de Granada que analizaron 163 series de dibujos animados —españolas y extranjeras— prestando una especial atención a 621 de sus personajes.

Se trata de la tesis de la doctora Concepción Alonso Valdivieso, bajo la dirección del profesor Jesús Pertíñez López, doctor en Bellas Artes.

 

Podéis leer el artículo que Patricia Peyró Jiménez publicó para elpais.com pinchando en en link:  ¿Está ‘Peppa Pig’ destrozando la imaginación de los niños?

 


Clotilde Sarrió – Terapia Gestalt Valencia

Licencia de Creative Commons Este artículo está escrito por Clotilde Sarrió Arnandis y se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-No Comercial-CompartirIgual 3.0 España

Imagen: Pixabay

 

 

 

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Autor: 
Clotilde Sarrió