¿Has sido víctima de abuso sexual en la infancia?

¿Has sido víctima de abuso sexual en la infancia?

Con demasiada frecuencia el haber sido víctima de abusos sexuales en la infancia o en la adolescencia trae consecuencias en la vida adulta.
Supone un factor de riesgo para el desarrollo de una gran diversidad de trastornos psicológicos en la vida adulta.

¿Qué se considera abuso sexual en la infancia o adolescencia?
Los expertos no se ponen de acuerdo a la hora de definir lo que se considera abuso sexual infantil, pero sí están de acuerdo en dos criterios básicos:

  1. Una relación de desigualdad entre abusado y abusador (ya sea en cuanto a edad, madurez o poder).
  2. La utilización del menor como objeto sexual; es decir, que el agresor utiliza al niño para su estimulación sexual o la de otras personas.

¿Es muy frecuente?
En España se estima que la frecuencia de los abusos alcanza el 20% de la población (23 % de las chicas y 15% de los chicos).
Hay un mayor número de niñas en el abuso que se lleva a cabo dentro de la propia familia (incesto); y un mayor número de niños en el abuso fuera de la familia (pedofilia).
El incesto supone un 20% de los casos denunciados; aunque, por su gravedad, son los más traumáticos.
En cuanto a los agresores no solo se trata de hombres: las mujeres son las agresoras en un 14% de los casos.
¿Por qué se mantiene en secreto?
Sólo un 2% de los casos de abuso sexual familiar se conocen mientras ocurren.
Esto puede explicarse en parte porque la víctima sienta temor de no ser creída o de ser acusada de haber seducido al abusador; además del temor a las represalias por parte de este; o a las consecuencias desastrosas para la propia familia.
Por parte del abusador es evidente el porqué quiere mantener en secreto el abuso: no quiere perder la actividad sexual que mantiene con el menor; no quiere afrontar la posible ruptura matrimonial y de la familia; ni el estigma social y las posibles sanciones legales.

Consecuencias a largo plazo del abuso sexual
Lo que se ha observado con mayor frecuencia son alteraciones en la vida sexual y algunos síntomas que recuerdan al trastorno por estrés postraumático; pero existen grandes variaciones de unas personas a otras.
Presento un resumen de algunos de esos efectos negativos, aunque conviene aclarar que no todas las personas que sufrieron abuso sexual desarrollarán todos estos síntomas; incluso puede darse el caso de que no acarree mayores consecuencias negativas.
Secuelas físicas
• Dolores crónicos repartidos por todo el cuerpo.
• Fibromialgia.
• Preocupación exagerada por la propia salud y una tendencia a magnificar los sufrimientos.
• Quejas persistentes de síntomas físicos que no tienen un origen orgánico identificable.
• Pesadillas.
• Problemas en el sistema digestivo.
• Desórdenes alimenticios, especialmente bulimia.
• Desórdenes ginecológicos: dolores pélvicos crónicos; inicio significativamente temprano de la menopausia.
Secuelas conductuales
• Intentos de suicidio.
• Consumo de drogas y alcohol.
• Lesionarse a sí mismo.
• Conductas de riesgo.
Secuelas emocionales
• Depresión.
• Ansiedad.
• Baja autoestima.
• Estrés postraumático.
• Trastornos de personalidad.
• Desconfianza y miedo de los hombres.
• Dificultad para expresar o recibir sentimientos de ternura y de intimidad.
• Hostilidad.
Secuelas sexuales
• Miedos o aversiones sexuales.
• Falta de deseo o satisfacción sexual.
• Imposibilidad de alcanzar el orgasmo.
• Creencia de que, como persona, no se tiene más valor que el sexual.
• Volver a ser víctimas de abusos sexuales por agresores distintos a los que causaron el abuso en la infancia.
Secuelas sociales
• Problemas en las relaciones interpersonales.
• Aislamiento.
• Dificultades en la educación de los hijos: estilo de educación excesivamente permisivo; recurrir a los castigos físicos.
• Relaciones de pareja inestables.

Pongámonos en el lugar de la niña que fuiste
O del niño que fuiste, aunque prefiero hablar en femenino.
Cuando la niña ha tenido un cuidador que no es seguro, que no es fiable, es normal que tenga problemas con la confianza, la intimidad o con saber dónde colocar los límites en el trato con lo demás.
También es frecuente que la niña recurra a la amnesia, es decir, a olvidar lo ocurrido.
Comprensible, si tenemos en cuenta que esa niña, en muchas ocasiones, depende del abusador para sus necesidades más básicas.
El olvido es una forma de sobrevivir.

¿Qué puedes hacer?
Es muy importante salir de un silencio que es como una cárcel; que es como una mano atenazándote la garganta.
El silencio alimenta a tus síntomas.
Puedes buscar un espacio seguro, como puede ser el creado en una psicoterapia, en donde los sentimientos dolorosos que tienes asociados a la situación traumática que has vivido puedan salir a la luz.
Es probable que tengas muchas ideas distorsionadas sobre lo que eres como persona; mucha rabia contenida (más que justificada); dificultades para establecer relaciones de confianza, de intimidad.
Incluso es probable que hasta te sientas culpable, lo que es el colmo.
Para que todas esas cosas te dejen de hacer daño, la terapia psicológica puede ser de gran ayuda.
Es muy probable que muchas de las cosas dolorosas que vives en la actualidad estén relacionadas con lo que te ocurrió hace años.
Como si el pasado envenenara tu presente de tal manera que te dificulta el orientar tu vida hacia las cosas que para ti son importantes.

Un veneno que puede hacerte muy difícil el que te impliques en relaciones sanas y satisfactorias.
La posibilidad de establecer una buena relación terapéutica te puede permitir vivir un modelo de relación saludable.
Y a partir de esa experiencia de ser aceptada y comprendida comenzar a colocar tus “antenas” sintonizadas hacia personas adecuadas para ti.
A nadie le gusta experimentar pensamientos, sentimientos o emociones desagradables.
Las personas que sobreviven a un trauma intentan evitar su malestar de varias maneras.
Algunas de esas maneras son muy perjudiciales: drogas; autolesiones; evitar la intimidad.
Son comportamientos que proporcionan un alivio a corto plazo, pero que a la larga causan un mayor malestar general.
Te propongo lo siguiente
No tienes que correr, ni esconderte, ni autolesionarte ni hacer nada para deshacerte de las experiencias internas desagradables.
Acompañada de la persona adecuada, puedes darte cuenta de tus pensamientos y sentimientos; darte cuenta de que en realidad no pueden ni herirte ni matarte: son como humo.
Puedes aprender a estar en este momento presente con lo que surja en tu mente, en tu corazón, aceptándolo, aceptándote.
También es importante que hables sobre lo que para ti es valioso en la vida. Te aseguro que si llegamos a conocernos hablaremos largo y tendido sobre la vida que te gustaría vivir.
Revisaremos todas los “trucos” que utilizas para evitar ciertos contenidos mentales, como puede ser el consumo de pastillas, comer compulsivamente, evitar ciertos lugares o personas, etc.
Veremos si realmente te resultan útiles a la hora de evitar el malestar.
Intentaremos separar lo que son tus acciones valiosas, las que te acercan a tus metas, de tus sentimientos.
Es posible que te sientas mal y, sin embargo, que te muevas simultáneamente en la dirección que te parece adecuada.
Procuraremos hacer múltiples ejercicios que favorezcan el que entres en contacto con los recuerdos de los abusos que sufriste en la infancia.
Te prometo que iremos muy despacio y con mucha delicadeza.
Podrás contemplar todos esos recuerdos dolorosos siendo consciente de que tú no eres esos recuerdos. Tú eres la conciencia en donde surgen esos recuerdos, la observadora ecuánime.
Y así ganarás flexibilidad psicológica para poder manejar esos contenidos mentales dolorosos de otras maneras que no sean el huir de ellos.
Según vayamos desarrollando la que espero que sea una larga conversación iremos descubriendo las maneras más adecuadas para ti de incorporarte a la vida plena que te mereces.
Te deseo lo mejor.

Y si quieres ponerte en contacto conmigo como Psicólogo puedes visitar mi página web siguiendo el anterior vínculo.

Autor: 
joseavelinogp@gmail.com (José Avelino García Prieto)