¿NECESITO MEDICACION SI VOY A IR A TERAPIA?

          Esta es una pregunta bastante habitual que se hace una persona al comenzar a ir a terapia, que se siente angustiada: ¿Voy a necesitar medicación?, y de aquí aparecen otras preguntas relacionadas: ¿Y durante cuánto tiempo tendré que tomarla?, ¿Me voy a enganchar a las pastillas?, ¿Después podré dejarlo?, ¿Cómo me va a afectar, tendrá efectos secundarios?...

          La respuesta a esta pregunta no es sencilla, ya que DEPENDE de la situación que tengamos delante. Sí me gustaría poder transmitir según mi experiencia, en qué casos veo fundamental la medicación, en qué otros estaría dudosa y en cuáles no sería necesario. Voy a intentar generalizar, siendo consciente del riesgo que conlleva, y quiero adelantar de antemano, que incluso lo que vaya a escribir en el apartado “casos en los que no sería necesario”, es IMPRESCINDIBLE realizar una evaluación diagnóstica previa para corroborarlo.

          Los psicólogos no podemos medicar, ese ámbito corresponde a los psiquiatras, y durante mucho tiempo parecía que podía haber una “lucha” entre ambos, cuando desde mi punto de vista somos dos profesionales que tenemos que ir de la mano en todo momento para ayudar al paciente.

-RECOMENDACIONES ANTES DE TOMAR UNA MEDICACIÓN PSIQUIÁTRICA

  • Una VALORACIÓN DIAGNÓSTICA por parte de un psiquiatra y un psicólogo. Entiendo que a veces la urgencia es grande y uno acude a su médico de cabecera que es quien le da una receta de un ansiolítico o un antidepresivo. Mi recomendación es que después pueda verle el psiquiatra y el psicólogo para complementar la valoración. 

  • LA MEDICACIÓN NO SUSTITUYE UN TRABAJO DE TERAPIA. Los fármacos son necesarios en muchas ocasiones que son recetados, pero desde mi punto de vista, son innecesarios en otros tantos. Es el método más “rápido” frente al dolor a corto plazo, pero en muchos casos (siempre que no estemos frente a temas de gravedad) no es el más efectivo a largo plazo . Sustituir la medicación por un trabajo de terapia puede ser colocar una tirita sin revisar la herida profunda.  

  • PEDIR INFORMACIÓN SOBRE EL MEDICAMENTO QUE VOY A TOMAR. Esto parece algo muy obvio, pero es muy común que los pacientes me den un nombre de la medicación que toman y cuando les pregunto qué saben de esa medicación, para qué la toma… apenas tienen información, o bien porque no han preguntado o bien porque no les han contado. Es importante conocer qué se está tomando, para qué síntomas va dirigido, qué signos de mejoría tendría que experimentar, cuánto tiempo aproximado se va a tomar, cómo va a ser la retirada, posibles efectos secundarios… 

  • La medicación va a ir dirigida a SÍNTOMAS, por ello es tan importante realizar paralelamente una terapia, porque uno puede mejorar en el sueño, en sus pensamientos, en su ansiedad, en dolores físicos… pero hay que indagar por debajo de todos ellos, desde cuándo están, qué significado tienen, que hay que trabajar para disminuirlos o eliminarlos, entender por qué han aparecido estos síntomas, por qué se mantienen…

-CASOS EN LOS QUE DESDE MI PUNTO DE VISTA LA MEDICACIÓN ES IMPRESCINDIBLE:

          -De una manera genérica, cuando la angustia es generalizada y está invadiendo áreas de la vida de la persona y uno se siente “descontrolado”, “fuera de sí”

          -Cuando hablamos de psicosis, esquizofrenia, cuadros delirantes… Es decir, cuadros donde la percepción de la realidad está alterada y pueden estar presentes alucinaciones y delirios.

          -Trastorno bipolar (donde se alternan fases depresivas y maníacas) y cuadros depresivos graves.

          -Trastorno límite de la personalidad

          -Existe una ideación suicida y un riesgo de que la persona vaya a llevar a cabo dichas ideas a la acción

          -En personas que tienen un problema de adicción a cualquier sustancia como el alcohol, la cocaína, heroína... Para comenzar la desintoxicación y la abstinencia es fundamental el apoyo farmacológico junto a la terapia.

          -Casos de descontrol de impulsos (ludopatía)

-CASOS EN LOS QUE LA MEDICACIÓN SERÍA DUDOSA:

          -CUADROS DE ANSIEDAD. La ansiedad es una respuesta de nuestro organismo que es como una alarma que nos dice que algo está pasando. Cuando sentimos ansiedad, lo más habitual es que se trastoque el sueño (dificultad para conciliar, o bien despertares constantes, insomnio…), la alimentación (disminución o aumento del apetito), y que haya sintomatología a nivel corporal (sudoración, palpitaciones, sensación de mareo, sensación de que uno puede morirse…). Entonces, ¿uno tiene que medicarse si tiene ansiedad? Pues en mi opinión dependerá del GRADO. Yo intento transmitir que si la ansiedad es “tolerable” se pruebe a sostenerla sin medicación, y si no lo es, pues que la medicación sirva como apoyo. Repito esta palabra, APOYO, ya que muchas personas se acomodan a que la pastilla les relaja y les quita la ansiedad, pero una vez la dejan de tomar, vuelven a experimentar las mismas sensaciones.

¿Cómo sé si la ansiedad es tolerable o no? Aquí ya intervienen aspectos individuales de cada persona, ya que el umbral del dolor y de la tolerancia a la angustia es muy diferente frente a unas personas y frente a otras.

          -SINTOMATOLOGÍA DEPRESIVA: sentirse triste, apático, con incapacidad para disfrutar de las cosas… Habría que valorar la intensidad, cuánto tiempo lleva la persona así, con qué tiene que ver, y cuánto está interfiriendo en el funcionamiento de la vida de una persona. Por ejemplo, no es lo mismo que alguien me diga que acude todos los días a su trabajo, vive con su familia y se siente triste y sin ganas de disfrutar de la vida desde hace unas semanas, a que alguien que lleva meses sin salir de casa, no tiene apoyo social, no trabaja…

          -PROBLEMAS RELACIONADOS CON LA COMIDA. Estoy hablando de cuadros de ingesta compulsiva, anorexia, bulimia… Aquí suele haber una correlación muy alta con aspectos emocionales, y habría que valorar detenidamente en cada caso para poder decir sí o no a la medicación.

          -SITUACIONES TRAUMÁTICAS: abuso sexual, maltrato físico y/o psicológico.

          -INSOMNIO (de nuevo, habría que ver el grado)

-CASOS EN LOS QUE LA MEDICACIÓN NO SERÍA NECESARIA (insisto en recordar que a esta conclusión se llegará previa evaluación diagnóstica):

          -TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad). Mi experiencia es que este diagnóstico es un “cajón de sastre” y que la hiperactividad o la falta de atención tienen que verse como una sintomatología que está en la superficie de otros aspectos que son los que habría que trabajar.

Pongo un ejemplo, es muy habitual que niños que han sido adoptados se les diagnostique de TDAH, cuando lo que puede haber debajo es un apego inseguro y aspectos emocionales no trabajados que salen al exterior en forma de dificultad de atender e hiperactividad.

          -DUELOS, PÉRDIDAS (Rupturas sentimentales, pérdida de trabajo, de amistades…). Este proceso va a ser en gran parte emocional. A veces uno de los efectos secundarios que tiene la medicación es TAPONAR las emociones, y justamente en estos casos, es necesario que afloren y se vayan trabajando.

          -CRISIS VITALES: paso de adolescencia a la vida adulta, crisis de pareja, crisis personales ( ir cumpliendo años), llegada a la vejez y jubilación, dudas en relación a la identidad sexual, a la orientación sexual… La explicación sería parecida a la anterior, toda crisis conlleva una oleada de emociones que hay que escuchar y manejar, y no anularlas.

          -PROBLEMAS DE RELACIÓN: pareja, social, laboral, con los hijos…

          -INSEGURIDAD, AUTOESTIMA BAJA, POCA CONFIANZA EN UNO MISMO.

          -DIFICULTADES EN LA SEXUALIDAD: poco deseo sexual, dificultades para mantener una erección, llegar al orgasmo…

Como conclusión, la clave va a estar en realizar un buen diagnóstico para que así la persona entienda si va a necesitar o no medicarse. Estoy a favor de la medicación en muchos casos que he comentado anteriormente, y a la vez, muy en contra de la “sobremedicación”, es decir, medicar sí o sí, siempre, y para cualquier dolor y sufrimiento que se padezca.

 

 

 

Autor: 
Maria Gutierrez