¿Por qué deberíamos tratar a nuestra pareja como a un/a niño/a?

Cuando tenemos un hijo, éste a veces escupe la comida, tira los juguetes, se enoja o llora hasta las tres de la mañana. Sin embargo, no interpretamos este comportamiento como si nuestro hijo nos odiara.  Tampoco pensamos que lo está haciendo sólo para fastidiarnos (aunque a veces parezca así).

Sabemos que probablemente está cansado, le duelen las encías o tiene miedo.

Mientras que con nuestros hijos solemos ser comprensivos e interpretamos el problema fuera de nosotros, con nuestras parejas tendemos a ser muy rápidos en afirmar que su comportamiento es una reacción a nuestro ser o actuar. Pensamos que está siendo injusto, personal y eso nos hace explotar fácilmente, en una guerra de recriminaciones y culpas.

Ya que lo vemos como un/a adulto/a hecho y derecho, pensamos que no debería comportarse así por cosas tan pequeñas o insignificantes: “No tendría por qué ofenderse por un comentario tonto.” Y “No debería enojarse porque no lo llamé.”

Además, si cierra la puerta de un portazo, lo interpretamos como una ofensa directa: “no nos aguanta”, “no le importamos”. Si se encierra a  escuchar música es porque: “está inseguro/a de la relación” o “no quiere estar cerca de nosotros”.

No se nos ocurre que tal vez, su comportamiento habla más de él o de ella, que de nosotros.

Por supuesto, esto no quiere decir que debamos darle una paleta y peinarle el cabello. No es cuestión de infantilizarlos, poniéndole una estrellita en la frente. Siguen siendo adultos, pero nos olvidamos de dos aspectos fundamentales:

1. Así como los niños hacen un berrinche porque no saben manejar sus emociones, los adultos también pasamos por momentos de desborde y descontrol emocional en el ámbito del amor.

Esto suele pasar porque sentimos que nuestras necesidades no están siendo satisfechas. Lo que queremos en realidad es sentirnos conectados pero,  como la punta del iceberg, sólo vemos la ansiedad, frustración y enojo.

2. Así como los niños se portan rudos e irritables cuando tienen sueño o les duele algo, los adultos también podemos mostrarnos de mal humor y susceptibles sin que eso signifique mala intención o desamor.

Entonces,  tratar a la pareja como un niño quiere decir:

  • No interpretar a la primera que su comportamiento está diseñado para herirnos.
  • Entender que aunque midamos 1.75 o tengamos barba, seguimos siendo vulnerables como los críos y que esa sensibilidad es la que precisamente nos permite amar.
  • Traducir mentalmente la protesta o queja de nuestra pareja en estas preguntas: ¿Qué es lo que necesita? ¿Qué le duele? ¿De qué sufre?

Si todos dentro de una relación intentáramos esta filosofía, encontraríamos mucho más compasión, entendimiento, diálogo y por qué no, humor.

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Autor: 
nataliagurdian