¿Por qué soy así?

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Esta pregunta no siempre es una pregunta. Si el motivo de la pregunta tiene que ver con un lamento acerca de algún aspecto de ti que no consideres adecuado, te propongo detenerte unos minutos para reflexionar y preguntarte  “¿Por qué me pregunto por qué soy así?” Probablemente el “así” al que te refieres incluya una manera de pensar, de sentirte o de comportarte que no te gusta, que te resulta dolorosa, limitante, inapropiada. Puede que afecte a tus relaciones con los demás, a tu desempeño en la vida, a la percepción que tienes sobre ti mismo.

Es bastante habitual buscar la respuesta a la pregunta en el exterior puesto que durante años hemos vivido bajo la influencia de maneras de pensar que han condicionado la nuestra y que iban en esa dirección. Ese condicionamiento viene dado por lo que hemos oído en casa, por lo que la ciencia dice al respecto y por lo tanto hemos aprendido, por los modelos que transmiten los medios de comunicación, en suma por el tipo de sociedad cultural en el que nos desenvolvemos. Respuestas comunes a la pregunta podrían ser: “porque he nacido así”, “porque he salido a mi abuelo”, “porque la vida me ha hecho así”, etc. Todas esas respuestas u otras parecidas traen consigo la noción de que somos víctimas de las experiencias o de la genética. Todas ofrecen una explicación determinista que concluye en un “soy así, porque soy así, y no puedo remediarlo”.

Si reflexionas acerca del motivo de la pregunta te darás cuenta de que en su trasfondo es únicamente una queja. Tal vez no estés en realidad buscando una respuesta sino que simplemente estás verbalizando tu malestar por lo que te inquieta. Vamos a suponer que realmente encontraras una respuesta exacta y fehaciente a la pregunta inicial, y que supieras de forma incuestionable que “eres así” porque has heredado esa condición. Imagina que alguien te explica que no hay duda de que eres así porque has salido a tu abuelo. ¿Qué ocurre? ¿Te sientes mejor al saber la causa precisa de tu malestar? ¿Te ayuda a seguir adelante con más recursos? ¿Te anima a iniciar los cambios necesarios para desvanecer tu inquietud? Ahora que ya sabes la respuesta, ¿qué vas a hacer?

Cuando eres consciente de que tu estado de ánimo no es como te gustaría que fuera, cuando tienes problemas de relación, cuando te comparas con otros y piensas “me encantaría ser como esa persona”, estás en una disposición inmejorable para solucionar tu dilema. Ser consciente de que algo no marcha bien es el primer paso para cambiarlo, en caso contrario ni siquiera te formularías la pregunta del encabezamiento, ni siquiera para quejarte.

La TREC (Terapia Racional Emotiva Conductual) contempla al ser humano como el resultado de la cognición, las emociones, la conducta, la biología y la interacción con el ambiente. Supuso una revolución en el campo de la Psicología cuando su creador, Albert Ellis, expuso su trabajo ante la Asociación Americana de Psicología para decir al mundo: “hacemos lo que hacemos porque pensamos lo que pensamos”.

En la misma época en la que Ellis presentó su teoría, el mundo recibió con entusiasmo la noticia de que se había hallado la estructura molecular del ADN (Watson y Crick, 1953), uno de los logros científicos más notables de la historia que permitiría explicar porqué somos como somos y que hizo popular la frase “todo está en los genes”. Sin embargo el avance tecnológico ha supuesto una catapulta para que la ciencia se desarrolle a un ritmo vertiginoso y actualmente ya se consideran obsoletos los paradigmas de hace sólo unas décadas.

¿Soy lo que determinan mis genes?

El genotipo es la información contenida en los genes (ADN) que nos viene dada por la herencia y que puede que se exprese o puede que no. Por ejemplo: tu padre tiene los ojos claros y tu madre oscuros. En tus genes está la información de ambos pero sólo se expresará la dominante. A esta expresión del genotipo se la llama fenotipo: tú tienes los ojos oscuros como tu madre o claros como tu padre. Podemos decir que el fenotipo es la traducción observable del genotipo, no sólo en tus características morfológicas (observables), sino también en tu fisiología y en tu comportamiento.

Durante años se ha observado la Genética como una especie de receta a partir de cuyos ingredientes somos como somos. Sin embargo una nueva ciencia, la Epigenética, argumenta la existencia de factores que inciden en el desarrollo de un organismo. Estos factores no alteran la secuencia del genoma, pero modifican su actividad. La conclusión a la que está llegando la Epigénesis queda patente en su propia definición: “doctrina según la cual los rasgos que caracterizan a un ser vivo se configuran en el curso de su desarrollo, sin estar preformados en el huevo fecundado” (RAE).

Etimológicamente, el prefijo “epi” significa “sobre”, es decir: Epigenética significa “sobre la Genética”, o “más allá de la Genética”. Como resultado, más allá de los supuestos condicionamientos prenatales, la relación entre genes, pensamiento y conducta está siendo reconsiderada. Ya no se contempla el ADN como la molécula que controla tu vida. La Epigenética nos explica que es la interacción con el entorno celular la que realmente provoca cambios visibles en tu pensamiento, en tus emociones y en tu conducta.

El hecho de que factores ambientales puedan activar o desactivar determinados genes se explica a través de los cambios bioquímicos que ocurren en el organismo. Cuando centras tu atención en el recuerdo de un ser querido, en una experiencia agradable, en un proyecto que te ilusiona, tu cerebro poner en marcha mecanismos que liberan las llamadas “hormonas del bienestar”. La primera consecuencia es un estado de ánimo acorde al pensamiento que lo está originando. Cuando tus pensamientos giran en torno a situaciones que te provocan miedo, tu sangre se llena de "hormonas del estrés", con la subsecuente alteración anímica y conductual. Si por ejemplo, te atemoriza pensar en viajar en avión, lo evitarás. A esto se refería Ellis cuando decía "hacemos lo que hacemos, porque pensamos lo que pensamos".

Cuando preguntarte “por qué soy así? no supone más que una queja, sé consciente de que quejarte no resolverá tus dudas. Lo que las resolverá y te ayudará en tu camino hacia el bienestar es preguntarte "qué tengo que pensar para ser de otra manera?". Hasta donde la ciencia sabe hoy en día, somos lo que somos fruto, -en parte-, de la herencia y del entorno, pero sobre todo de lo que hacemos con ello de manera consciente y voluntaria a través del pensamiento. Es innegable que el color de tus ojos está configurado por los genes que has recibido, sin embargo, tu manera de pensar, sentir y actuar únicamente depende de ti. Aunque puedas haber heredado cierta propensión a desarrollar rasgos parecidos a los de tus antepasados, tú tienes la facultad de influir en tus procesos mentales y ellos son los que van a configurar tu vida. Las creencias que nos han impuesto los modelos sociales han ejercido una enorme influencia en cómo vemos la vida y cómo nos vemos a nosotros mismos, pero sólo son creencias y como tales son susceptibles de ser sustituidas por otras más sanas.

Los estudios más recientes en el campo de la Epigenética se dirigen a comprender qué sucede para que la expresión genética esté afectada no sólo por las experiencias que vivimos, sino también por los pensamientos y por los sentimientos. Ya se ha demostrado que el epigenoma cambia durante la vida y que esos cambios tienen lugar en gran medida por nuestra percepción e interpretación personal sobre lo que nos acontece. La interpretación es lo que en Psicología llamamos sistema de creencias, así que gracias a nuestra capacidad cognitiva podemos modificar las instrucciones recibidas en los genes y re-escribir nuestra historia personal.