¿Quién eres?: LA BÚSQUEDA DE UNO MISMO

En ocasiones el ritmo de  vida en el que estamos inmersos, las exigencias del entorno y las que nos fijamos nosotros mismos, dificultan que tomemos conciencia de quiénes somos, lo que deseamos y los pasos que vamos dando día a día, de tal modo que puede que estemos caminando en la dirección contraria a dónde queremos  ir y por tanto nos estemos alejando en realidad cada vez más de aquello que interiormente deseamos o querríamos alcanzar.

Ante una gestión ineficaz de un acontecimiento estresante, dramático o una pérdida real o percibida en la que los recursos de los que disponemos no son suficientes para salir adelante, podemos llegar a adentrarnos en un momento vital crítico en el que dejamos de atender a lo externo y evaluamos intensamente nuestras competencias y el entorno que nos rodea. El fallecimiento de un familiar, la pérdida de un trabajo o no encontrarlo, el nacimiento de un hijo, ser víctima de una agresión, una separación, una ruptura sentimental o presenciar un desastre natural son algunas de las situaciones en las que generalmente solemos pararnos a reflexionar en profundidad.


En las crisis vitales se produce un desajuste tal que requiere nuestra absoluta atención y dedicación para evaluar y re-evaluar  las pérdidas, los recursos de afrontamiento o los apoyos vitales tantas veces como sea necesario para recuperar cierto equilibrio. Mirarnos al espejo con valentía y reconocer nuestras debilidades y fortalezas, es un punto de inflexión que posiblemente marcará un giro en la dirección mantenida hasta ese momento. La conceptualización que hagamos de esta etapa crítica es crucial para la manera en que la “vivenciemos”. Entender la crisis personal como una oportunidad para el cambio, de crecimiento o como una forma de desarrollar nuestra autenticidad nos invita a adoptar una actitud en la que maximizamos los beneficios y aumentamos la probabilidad de superarla con éxito.




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Para ello, para salir fortalecido de un momento vital crítico, es necesario vencer la etapa inicial de incertidumbre e inseguridad, altamente cargada de pensamientos paralizantes donde la culpa o los reproches personales se instalan sin ni siquiera darnos cuenta. Sentirnos perdidos, solos, incomprendidos o desafortunados forma parte del proceso y vencer estos estados emocionales puede dar paso a un análisis constructivo del momento en el que nos encontramos. Sólo de este modo podremos tomar decisiones consecuentes que puedan beneficiarnos no sólo a corto plazo, podremos comenzar a vislumbrar qué queremos conservar de nosotros mismos, de lo que nos rodea o a qué personas queremos seguir teniendo cerca. En definitiva qué queremos seguir llevando en la mochila día a día.


En este punto es cuando verdaderamente nos miramos en el espejo y podemos recomponernos tal y como queremos aquí y ahora. Es cuando podemos asimilar nuestra historia pasada a pesar de que se aleje de lo que hubiéramos deseado, aprender de ella, desaprender comandos en los que se nos ha programado que ya no son útiles y aprender nuevas formas de funcionamiento saludables. Sin duda es el momento de sacar conclusiones y quedarnos con lo verdaderamente importante que guiará nuestra nueva toma de decisiones y motivará la dirección que queramos tomar.



                                                                                                               FOTO: http://www.enriquemonterroza.com


Saber quién eres, lo que te gusta y lo que te encanta, lo que no quieres, lo que para ti es negociable y lo que no, lo que deseas, a quién quieres, tus limitaciones, tu zona de comodidad, lo que estás dispuesto a arriesgar, lo que te hace vibrar o lo que te invita a sonreír, es fundamental para VIVIR.  Tomar conciencia de ello es treméndamente  importante porque variará según nuestro momento vital o las circunstancias que nos rodean. Lo que en su momento fue útil y efectivo puede que ya no lo sea y si no lo detectamos quizás estemos limitando nuestro propio potencial.


Algunas personas tienen un sentido innato o aprendido e interiorizado de lo que supone su existencia y regularmente toman conciencia y no sólo analizan algunos de estos aspectos de un modo intenso en sus crisis vitales. Otras, en cambio, se instalan en la comodidad y se mueven por patrones fijos y difíciles de modificar, los cuales pudieron tener una funcionalidad en el pasado pero permanecen sin ser re-evaluados ni adaptados al AQUÍ Y AHORA.


VIVIR supone reconocer el dinamismo intrínseco que conlleva, así como la posibilidad de que como personas cambiamos y disponemos regularmente de nueva información o nuevos circunstancias que es importante considerar para modificar la hoja de ruta que nos acerque a donde queremos llegar.


No olvidemos que, podemos empezar de nuevo en cualquier momento, tantas veces como queramos. Tenemos la capacidad, como seres humanos, de “des-programarnos” y cambiar.




Autor: 
Susana Tárrega Verdú