¿Placer a largo plazo?

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Nos sacrificamos todos los días para disfrutar el fin de semana, todo el año para disfrutar las vacaciones, toda la vida para disfrutar la jubilación… Identificamos “esfuerzo” con “sacrificio” y justificamos esa creencia albergando la esperanza de que la felicidad futura compense la frustración presente. Partimos de una premisa equivocada. Albert Ellis nos aconseja buscar el placer presente y futuro, encontrando el equilibro entre las siguientes máximas:

1.- Vive el día de hoy como si fuera el último de tu vida.

2.- Vive el día de hoy como si fueras a vivir para siempre.

Ellis distingue entre hedonistas a corto plazo y hedonistas a largo plazo. Los primeros somos aquellos capaces de saltarnos la dieta, un día de gimnasio o los deberes académicos, para obtener el placer inmediato de comernos una pizza o echarnos en el sofá a mirar cualquier programa en la tele; nos decimos que “¡por un día no pasa nada!” y nos rendimos al placer instantáneo; la consecuencia a medio plazo es que abandonamos la dieta, dejamos de acudir al gimnasio y suspendemos el examen. ¿Qué nos conduce al hedonismo a corto plazo? 

  • La gratificación instantánea: pensamos que es necesario sentirnos bien y que es absurdo postergarlo.
  • El malestar de la ansiedad: pensamos que sentir malestar es algo que tenemos que evitar a toda costa.
  • El derecho al placer inmediato: pensamos que merecemos y por lo tanto, debemos, tener lo que queramos, cuando lo queramos.
  • La búsqueda de la aprobación ajena: pensamos que nuestro valor se basa en el grado de aprobación que obtenemos de los demás.


Si empleamos nuestros recursos (esfuerzo, tiempo, dinero) en la gratificación instantánea, nuestros objetivos a largo plazo no suelen ser alcanzados. Nos auto-indultamos con la convicción de que disfrutar constantemente de los pequeños placeres de la vida, es más fácil que esperar que la vida nos gratifique con grandes satisfacciones. La irracionalidad de esa creencia nos conduce a la frustración a medio o largo plazo, puesto que el placer instantáneo, por definición, sólo conlleva placer instantáneo.

Proyectar el placer a largo plazo pasa por vestirnos el hábito de la alegría, siendo conscientes de que el placer momentáneo no es mayor ni más importante que la satisfacción y el disfrute que obtendremos con nuestra inversión en tiempo, esfuerzo y dinero a largo plazo. Consiste en vivir con alegría sabiendo que gracias a nuestro pequeño esfuerzo diario conseguiremos perder peso, una buena forma física o superar un examen. 

Para lograr el equilibro entre las dos máximas propuestas por Ellis, la TREC aboga por la moderación, adoptando el concepto dehedonic calculus procedente de la filosofía utilitarista (Jeremy Bentham, 1789). No se trata de un verdadero cálculo, por supuesto, dado que no se asignan valores numéricos a nuestros objetivos. El cálculo hedonista consiste en preguntarnos si el placer que experimentamos hoy va a revertir en algo contraproducente para nosotros mañana, la semana que viene o dentro de unos años. La moderación alegre, nos permite cumplir la primera máxima de Ellis, con el beneficio secundario e inestimable de eliminar la baja tolerancia a la frustración y permitirnos la complacencia en nuestros quehaceres cotidianos. La segunda máxima supone tener ilusión por el mañana, enfocarnos en lo que realmente merece la pena, construir nuestro futuro conjugando el verbo vivir en gerundio.