Cómo fomentar la autonomía en los adolescentes

 

CÓMO FOMENTAR LA AUTONOMÍA EN LOS  ADOLESCENTES

 

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La educación comienza a partir de que  el niño o niña nace  y es un proceso constante que no termina nunca.

Todos queremos que nuestros niños se desarrollen como ciudadanos autónomos, responsables y buenas personas,  ya que si de niños no aprenden estos buenos valores y comportamientos,  pueden desarrollar problemas más tarde, que resultarán en consecuencias serias a medida que vayan creciendo como por ejemplo  el fracaso escolar, el uso de drogas, el embarazo prematuro, la violencia y muchos otros problemas graves.

Educar es ayudar y acompañar a los niños y niñas a que sean independientes, autónomos, adquieran las habilidades necesarias para la toma de sus propias decisiones y puedan valerse por sí mismos.

De la misma forma que  se les debe enseñar a  leer y escribir, resolver problemas matemáticos y comprender conceptos científicos y eventos históricos , también se les debe guiar en el desarrollo de ciertas habilidades , valores y destrezas ,  que les servirán a lo largo de  sus vidas  para aprender a mantenerse firmes a sus principios, sentir, pensar y actuar con autonomía  y responsabilidad,  con respeto hacia sí mismos y hacia los demás.

Al hacerlo, les estamos dando la mejor oportunidad para vivir como individuos y ciudadanos buenos, ya que educar estos valores es formar a nuestros hijos e hijas de manera que puedan avanzar en su día a día superando obstáculos, alcanzando la independencia y la madurez.

¿Qué es la autonomía?                      

Ser autónomo es ser uno mismo, es tener una personalidad propia que es diferente de la de los demás, con nuestros propios pensamientos, sentimientos y deseos y esto nos garantiza tener la capacidad de no depender de los demás para sentirnos bien, para aceptarnos tal y como somos y tener la seguridad de que seremos capaces de valernos por nosotros mismos durante nuestra vida.

¿Cuándo empieza la autonomía?                    

Desde que los niños son pequeños ya ponen de manifiesto que son personas competentes, saben expresar sus sentimientos, emociones, necesidades, deseos, preferencias. Los niños y niñas, a medida que van creciendo, empiezan a buscar su propia autonomía y padres y madres tenemos que ayudarles y acompañarles en esta búsqueda.

Cuando los niños llegan a la adolescencia ya no tienen tanta dependencia psicológica con sus padres. Preparar a nuestros hijos e hijas a que lleguen a esta etapa con cierto desarrollo de su autonomía y siendo conscientes de que han de responsabilizarse de sus actos les ayudará a ser personas adultas maduras, seguras de sí mismas y con capacidad para enfrentarse al mundo que les rodea.

¿Cuál es el papel de las familias en el fomento de la autonomía?

La familia, es una institución vital para la sociedad y para el ser humano, es el  principal agente de socialización de los niños y niñas y es donde comienza la educación y su calidad en la misma depende de tres factores:

Una relación afectiva cálida, que les proporcione seguridad sin protegerles en exceso.

Un cuidado atento, adecuado a las cambiantes necesidades de seguridad y autonomía que experimentan con la edad.

Una disciplina consistente, sin caer en el autoritarismo, que les ayude a respetar ciertos límites y aprender a controlar su propia conducta.

¿Qué comportamientos de los padres pueden  impedir  el desarrollo de la autonomía?

Lo primero que debemos tener en cuenta es que es necesario no protegerlos demasiado, pero tampoco debemos dejar de corregirlos porque obstaculiza su desarrollo. Es una realidad que cuanto más hacemos por ellos más dependientes e irresponsables se vuelven. En general todos queremos que disfruten de las ventajas de la infancia lo que se traduce en mucho juego y pocas responsabilidades.

¿por qué actuamos así?

Actuamos así porque pensamos que ya tendrán tiempo de sufrir y responsabilizarse de todas las obligaciones que le depare la vida. Pero la realidad es que la responsabilidad no se consigue sino se enseña.

En otras ocasiones, las razones que nos mueven son pensar que las cosas son más fáciles y rápidas si las hacemos nosotros mismos y muchas veces somos tan perfeccionistas y exigentes que consideramos que si no hacemos las cosas nosotros no están bien hechas. Todos estos comportamientos están impidiendo realizar una función primordial en la educación de nuestros hijos e hijas que es el desarrollo de su autonomía.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos para desarrollar su autonomía física?

Desarrollar la autonomía personal implica trabajar diferentes áreas pero aquí  nos vamos a centrar en las que afectan más a la vida cotidiana de los adolescentes.

Área del autocuidado. El autocuidado es incorporar en nuestros hábitos de vida, conductas que permitan mejorar y mantener un buen estado de salud tanto físico y psíquico como social. Son conductas simples y rutinarias que permiten mejorar la calidad de vida y complementar los tratamientos médicos.

El autocuidado incluye, por ejemplo, los hábitos de alimentación,  higiene, aspecto físico, hábitos de estudio, de descanso. Si aprenden y aprecian el saber cuidar de sí mismos adquiriendo hábitos de vida saludables, será más fácil que los integren en su vida adulta.

Área de la vida en el hogar. Los padres y madres decimos con frecuencia “tengo que estar siempre detrás de él, le tengo que decir las cosas 20 veces…”

¿Por qué se dan con tanta frecuencia estas situaciones?, seguramente porque las familias no hemos sabido inculcar el valor tan importante de la responsabilidad.

Interacciones sociales. Las relaciones con otros niños, y adultos ajenos a la familia, les ayudará a conocer el sentido de la amistad, a integrarse, a tener sus propias opiniones, a ser tolerantes, abiertos y a crear su personalidad.

Desarrollo intelectual. Dotarles de herramientas para el aprendizaje como libros, juegos, excursiones a espacios culturales, les ayudará a realizar sus tareas escolares y fomentará que sean personas más curiosas.

El ocio. Hay que dejar momentos para que los niños jueguen, de manera que ellos se hagan responsables de sus juegos. Qué decidan a qué y con quién juegan.

No es ninguna novedad decir que la etapa de la adolescencia es una etapa difícil. Es una fase de transformación de nuestros hijos e hijas que a veces, a los padres, nos resulta complicado afrontar.

Aunque no sea posible tener una autonomía física o económica, los y las adolescentes buscan tener una autonomía psicológica y empiezan a aflojar los vínculos emocionales con los padres. Despiertan una actitud crítica hacia ellos, cuestionan todo lo que hacen y, de alguna manera, rompen con la idealización que anteriormente tenían.

Recomendaciones para conseguir que  nuestros hijos e hijas  sean personas autónomas

Los adolescentes sienten una necesidad de madurar a toda prisa, por un lado, por la presión de grupo y, por el otro, porque se quieren ver reflejados en otras personas adultas.

Para favorecer su independencia se pueden desarrollar algunas pautas:

• Hay que proyectar en el niño una imagen positiva, para que se valore y se respete.

• Poner etiquetas NO ayuda. Si un niño escucha infinidad de veces lo que piensan de él, terminará creyéndoselo y actuará en consecuencia.

• No evitar los conflictos. Cuando esto ocurra, hay que dotarles de recursos para que puedan enfrentarse a ellos.

• Hay que cumplir los pactos que hagamos con ellos.

• Culpabilizarles si algo les sale mal no favorecerá su nivel de tolerancia a la frustración.

• Los niños tienen que sentir que tienen todo el cariño y apoyo de sus padres. Esto les hará sentir respaldados y valorados.

Cuando se produce el salto a la adolescencia, van a necesitar menos protección que la que han recibido en su infancia. Este cambio exige por parte de padres y madres una actitud comprensiva y hay que intentar situarse con perspectiva desde el lugar de nuestro hijo o hija adolescente.

 

Autora: María Teresa Vallejo Laso

 

 

Autor: 
teresa@psicologiaonlineweb.com (TERESA)