Celos: crónica del mal amor

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“Señor, cuidado con los celos pues es monstruo de ojos verdes que se burla de la carne de la que se alimenta” William Shakespeare. Otelo

Todas las relaciones al principio son diádicas (tú y yo) y poco a poco se van convirtiendo en triangulares (tú, yo, y el mundo) Esto es así desde el comienzo de nuestra vida: la relación exclusiva con nuestra madre se convierte en un triángulo cuando nos damos cuenta de que incluye a otro: tú, yo y papá, tú, yo y mi hermano, tú, yo y tu trabajo, etc. Así mismo también en el inicio de las relaciones románticas la fantasía de exclusividad del enamoramiento (“sólo me apetece estar contigo”) da paso a una fase de amor real donde las personas pueden permanecer juntas como pareja y a la vez estar en relación con todas las otras facetas de su vida (el trabajo, los amigos, etc.)

El paso de ser dos a ser tres implica siempre una pérdida, la pérdida de la exclusividad en la relación. Elaborar esa pérdida es el trabajo del celoso: ya sea el niño que cela de su hermano por el amor de su madre, ya sea en una relación cuando una de las partes de la pareja se siente amenazada.

Todas las fantasías de amor romántico se alimentan de esa idea de diádica de la pareja como complementaria y exclusiva: el príncipe azul, la media naranja, vivieron felices y comieron perdices, etc. Sin embargo, lo que muchas personas viven como expresión máxima del amor es por un lado un proceso de disolución de la identidad (yo sólo existo en función de ti) Y por otro, significa entrar en un nivel de relación en el que el otro ya no es un sujeto (alguien diferente de mí mismo con deseos y necesidades propios) si no un objeto (algo que debo poseer para sentirme completo)

¿Qué son y qué no son los celos? Los celos son lo sombrío en el amor. Aquello que a todos nos cuesta reconocer y que sin embargo, aunque sea de forma poco consciente para todos está presente. Es el temor de perder lo que amamos y que en su forma más benévola se manifiesta como una punzada en el corazón que nos empuja a sentirnos afortunados y a querer mantener y cuidar nuestras relaciones. Los celos en su vertiente no patológica nacen de la voluntad de compromiso y no de la necesidad de poseer al otro. Todas las relaciones requieren de esa voluntad de compromiso en la medida en que se sostienen sobre la idea de un proyecto común. Este compromiso es un compromiso emocional, no necesariamente sexual, y es normal que sintamos temor si pensamos que está amenazado.

Sin embargo, en su vertiente patológica los celos vienen de esa necesidad de poseer al otro para retenerlo a nuestro lado. Esa necesidad puede manifestarse de muchas formas. La mayoría de los hombres tienen tendencia a expresar los celos a través del control y la agresión: “¿con quién has quedado?”, “¿por qué llegas tan tarde?”, “no te pongas esa falda”, etc. Se trata de una forma de tratar a su pareja como un objeto de su pertenencia. En cambio y seguramente por el rol que tradicionalmente hemos jugado en la sociedad, las mujeres tenemos tendencia a vivir los celos de una forma más autoculpabilizadora: “no soy lo suficientemente guapa, delgada o joven comparada con las demás” De esta forma el control sobre el otro se ejerce de una forma más subrepticia ya no se trata de reclamar los derechos sobre algo que supuestamente nos pertenece si no de entrar en competencia con una misma y con las otras mujeres por la atención de la persona que tratamos de mantener a nuestro lado.

En un próximo artículo hablaremos acerca del origen de los celos y las dinámicas que los alimentan.

Autor: 
psicoterapiacotidiana