Comparto, luego existo: ampliando las habilidades sociales del youtuber

Lo intuíamos desde hace tiempo cuando intentábamos adivinar el secreto del éxito del fenómeno Youtuber (El fenómeno Youtuber como expresión emocional), lo observamos si tenemos jóvenes alrededor: Youtube ocuparía un papel tanto o más importante que la Televisión tradicional en muy poco tiempo para el nuevo individuo conectado.

 

Así lo señalaba en Estados Unidos un estudio reciente de Piper Jaffray a partir de encuestas:  los adolescentes norteamericanos ya pasan más tiempo en Youtube (26%) que ante el televisor al uso (25%).  Confirmaba otra inspiración de Defy Media, según los cuales la actual y futura generación de consumidores de contenidos prefiere la televisión online (YouTube,  Netflix, etc.). Lo decíamos para Internet y podríamos concretarlo para el tema que nos ocupa:  El 67% de los jóvenes de entre 13 y 24 años, ya no se imagina un mundo sin YouTube.

La tendencia es imparable, de forma que si observamos a los niños y ampliamos esta pequeña investigación al ámbito Europeo, podemos referirnos a otro estudio de la consultora británica Childwise:  internet ya ha superado a la televisión como fuente de entretenimiento para los más pequeños en el Reino Unido.

En España no es distinto y un estudio de Ipsos encargado por el propio Youtube confirma lo que ya sabemos padres y maestros desde hace tiempo:  dos de cada tres niños menores de cinco años accede hoy a una tableta familiar, disparando el consumo de alternativas a la televisión convencional gracias a los dispositivos móviles.  Los hábitos de consumo de nuestros niños apuntan en la misma dirección: hasta los siete años todavía se sigue viendo más la televisión pero a partir de esa edad, cuando ya se tiene más acceso a dispositivos móviles, Internet y Youtube se desmarcan.

 

En fin… que para los jóvenes (y los no tan jóvenes pero conectados), Internet y el mundo “real”, hace ya tiempo que son la misma cosa no es ninguna novedad. Dicho en otras palabras, en la Sociedad Postdigital que ya habitamos, los protagonistas, los agentes de la socialización en la infancia, aquellos que nos influyen cuando empezamos nuestro viaje en este mundo, los que nos ayudan a configurar nuestros propios mapas, son infinitamente más numerosos que en otros tiempos. Si antes de Internet y las redes sociales eran el círculo familiar más íntimo y algunos amigos cercanos los agentes de la primera socialización, ahora el tema se amplía a los iguales de los que el joven decide hacerse amigo en Internet.

 

Profundizaremos en mayor medida en todo ello en un próximo posteo sobre lo que podríamos denominar los nuevos tipos de Socialización en red. De momento me llamaba la atención y motivaba este artículo un artículo en The Washington Post que observa un nuevo rasgo evolutivo en los niños de esta generación Z: los más jóvenes ya no distinguen la realidad del mundo de redes sociales ahí afuera. Los padres empiezan a tener que explicar a los niños y niñas que la gente que ven en las pantallas constantemente no son, en un sentido estricto del término, sus amigos.

Los ejemplos son muchos pero me llamaba especialmente el atención el de los niños que cuando reciben un regalo, actúan para abrirlo. Son típicos en la red los videos de “unboxing”, de desembalado y puesta en marcha de productos grabado y/o retransmitido y los padres empiezan a observar cómo los más pequeños, al recibir un juguete, verbalizan y ejecutan las mismas performances para abrirlo, para sacarlo de la caja, para ponerlo en marcha, que sus referentes favoritos en la red. Así, compartir momentos que antes se vivían en solitario o en el círculo familiar más íntimo, aunque sea a modo de simulación y sin audiencia, parece ser infinitamente más divertido para nuestros niños que abrir sus regalos en solitario. “¿Con quién hablas?”, pregunta una madre en el citado artículo: “Con mis espectadores”, contesta el niño mientras ensaya compartir algunas de sus actividades diarias. Está aprendiendo porque algún día sí tendrá, como cualquier individuo conectado tiene hoy, su público.

Como decía la ya vieja película (escribíamos aquí sobre ella y la Sociedad de la transparencia en general): we live in public… y no hay vuelta atrás.

 

 

Be different, my friend: Compartiendo en redes lo que nos hace distintos keep calm and be peculiar

No hay vuelta atrás porque de nuevo Internet se muestra como una tecnología capaz de incrementar al infinito la felicidad del ser humano. Somos sociables y participativos por naturaleza. Sociables porque queremos compartir, buscar elementos de conexión con los otros pero también participativos porque necesitamos expresarnos, enseñar algo propio, aportar algo nuevo y significativo a unos demás que también queremos que estén hechos de nosotros mismos. Hablábamos también en este sentido cuando lo hacíamos de Youtube como plataforma para la expresión emocional en el sentido de la proyección de aquello de lo que estamos orgullosos, precisamente porque que nos hace distintos.

No ha sido siempre así. Tal y como destaca Ken Robinson en El elemento,  las sociedades industriales, sus escuelas, preparaban a los niños para ser seres uniformes, iguales, capaces de controlar sus pasiones y de ceñirse a la norma, trabajadores sumisos y acríticos en el entramado corporativo. Hoy, como bien refleja la cultura pop en la ya mítica figura de Lady Gaga, la clave del éxito está en todo lo contrario: no escondas, potencia, trabaja a fondo y con pasión lo que te hace diferente, incluso raro, porque serás admirado precisamente por ello.

Lo veíamos en el post anterior (Fin de las generaciones, la era youtube y el inicio de la libertad): tenemos hoy la posibilidad de ser y vivir, gracias a la presencia de infinitas diversidades en la red, de forma más libre que nunca.

 

Libre y repito, sociable. Cuando preguntamos a los jóvenes el porqué de todo ello nos hablan de conectar, de sentirse distinto pero comprendido, de encontrar afinidades y soporte emocional para cuestiones que antes limitaban estrepitosamente nuestra sociabilidad. Nos lo cuenta Steve Mendelsohn, de  the Trevor Project, una organización dedicada a la prevención del suicidio entre jóvenes adolescentes LGBT: aunque los social media pueden estar ejerciendo un papel amplificador en algunos casos de acoso, los jóvenes los destacan como su espacio social más inclusivo, en el que aprender y compartir estilos de vida, actitudes alternativas, de forma mucho menos problemática que otras partes.

 

Internet es un paraíso para tímidos, decíamos hace años. Hablábamos el lunes de un joven con Asperger que ahora es popular en Youtube.  Las redes son en general un lugar más seguro para cualquiera de los fuera de ella considerados “distintos”, precisamente porque aquí pueden descubrir que no lo son tanto y que incluso pueden ser los líderes de la comunidad en la que la propia diferencia se siente más cómoda.
El ejemplo en el WP de Tahlie Puvis, de 17 años, con #freeyourbody nos deja algunos insights interesantes para terminar de pensar en todo ello. La chica publica, compartiéndolas con sus ya más de 9000 seguidores, historias de usuarios y seguidores sobre una cuestión común y altamente problemática en la adolescencia como lo es la aceptación del propio cuerpo. Realiza, obviamente, una importante función de apoyo emocional y social, de prevención de problemas de aislamiento y soledad en los casos de anorexia, trastornos de la imagen corporal, etc. Destaca, además, la función sanadora de todo ello en su vida: “la comparación con gente de mi alrededor, más delgada que yo, fue el origen de mis trastornos de alimentación.”  Compartir en las redes la propia diversidad,  encontrar iguales y observar y  los procesos de otros en las redes, es lo que la ha ayudado, a ella y a muchos otros, a recuperarse. Además, crear y compartir videos le ha proporcionado oportunidades de participación que han reforzado la confianza en sí misma, online y también en el día a día de su participación e integración en el entorno escolar.

Por último y por encima de todo eso, veremos en próximo artículos cómo los jóvenes youtubers están creando nuevos escenarios de diversidad, nuevas normas de comparación, referentes sociales alternativos a los promovidos por las instituciones tradicionales. ¿Será la socialización en red una oportunidad única para el desarrollo de la humanidad en una extensión hasta ahora inimaginable?

 

Ya sabéis cuál es mi apuesta Smile

Autor: 
Dolors Reig