Competencias profesionales clave para la próxima década

El mapa de habilidades y competencias profesionales que demanda el mercado de trabajo va mutando con el paso de los años así que se desvanecen viejas fronteras pero aparecen otras nuevas. Los profesionales debemos ser ágiles en identificar ese mapa de competencias y diseñar nuestra propia hoja de ruta. Pero es más fácil decirlo que hacerlo.

Adaptarnos a una nueva realidad nunca es tarea fácil. En el ámbito laboral requiere echar la mirada atrás, observar y analizar cómo han evolucionado las cosas en los últimos años (no solo en tu sector), y detectar tendencias. En el caso de los jóvenes que se están preparando para dar el salto al mercado laboral, desconocer lo que está sucediendo en el entorno profesional no facilita las cosas. Si a esto le unimos que los planes de estudio suelen estar bastante desconectados de lo que demandan las empresas, ya tenemos todos los ingredientes para una tormenta perfecta.

¿Son las necesidades empresariales las que deben determinar los planes de estudio?

Recientemente leía un artículo titulado “Así es la educación que piden los empresarios“. Seguro que alguien ahora se puede estar preguntando si acaso las empresas o los empresarios son quienes tienen que diseñar los planes de estudio. De ser así, obviamente a todos los que nos preocupa la educación nos deben saltar las alarmas. Entre otras cosas porque podemos caer, sin darnos cuenta, en la trampa mental de pensar que para ser mejor persona hay que ser mejor trabajador.

Creo que muchos coincidiremos en que la educación, debe aspirar al desarrollo integral del individuo y no únicamente a fomentar el aspecto productivo. Pero dicho esto, y lo queramos o no, las personas necesitan trabajo para poder integrarse en esta sociedad. Por tanto, si no somos capaces de conectar lo que demanda el mercado de trabajo con los contenidos que impartimos en el aula, la brecha social será cada vez más grande.

La cuarta revolución industrial

La realidad se impone y aunque las empresas no son las que deben fijar los planes de estudio, la cuarta revolución industrial ha venido para quedarse. Los avances en inteligencia artificial, el aprendizaje de máquinas (machine learning), la robótica, la nanotecnología, la impresión 3D, la genética y la biotecnología, tendrán un impacto evidente no solo en lo que se refiere a modelos de negocio, sino también en la dinámica del mercado de trabajo. ¿Acaso podemos ignorar esta realidad?

Por cierto, sin caer en el dramatismo de la película Terminator, la robotización de determinados procesos productivos supondrá la pérdida de numerosos puestos de trabajo. Pero hay una buena noticia en todo esto. Los robots son máquinas que no pueden competir con los seres humanos en determinado tipo de actividades o situaciones. Pueden recoger y procesar muchos datos pero no son capaces de analizarlos y aplicar reglas heurísticas en la resolución de problemas. El día que esto suceda, si es que sucede, estaremos ante lo que algunos han definido como singularidad tecnológica. Algunos titulares sensacionalistas pueden crear la falsa ilusión de que ese paso está cerca, pero si investigas un poco, descubrirás, por ejemplo, el secreto que se esconde tras algunas predicciones basadas en el big data.

En definitiva, las máquinas carecen de creatividad, de pensamiento abstracto, de inteligencia en sentido estricto. Esta es la razón por la que, pese a toda la tecnología existente, necesitamos enviar a seres humanos a Marte. Un robot sobre el terreno solo puede procesar o identificar aquello para lo que está programado. Su capacidad operativa depende de sus algoritmos y por muy complejos que sean, no pueden llegar a abarcar una realidad compleja. Por ejemplo, un robot podría tener delante una huella de Tyrannosaurus rex y no se daría cuenta. Una persona, en cambio, es capaz de reconocer algo “raro”, que no encaja, y analizarlo sobre la marcha.

Competencias profesionales

Como ya has visto, el desarrollo tecnológico está planteando nuevos retos que exigen una nueva forma de trabajar pero sobre todo una nueva forma de pensar y es aquí donde el sistema educativo hace aguas. El problema no está solo en los contenidos o en las materias de estudio sino en las habilidades que debemos potenciar en nuestro alumnado. En este sentido, en uno de los últimos encuentros del foro internacional de Davos se identificaron una serie de habilidades profesionales como:

  • Resolución de problemas complejos
  • Pensamiento crítico
  • Creatividad
  • Gestión de personas
  • Trabajo en equipo
  • Toma de decisiones
  • Orientación al cliente interno/externo
  • Negociación
  • Flexibilidad cognitiva

Después de lo que he comentado acerca de la cuarta revolución industrial, parece lógico que las tres habilidades que encabezan la lista sean la resolución de problemas complejos, el pensamiento crítico y la creatividad. Esto me lleva a la siguiente pregunta ¿cómo se están trabajando estas habilidades en el aula?

Erramos en el qué y en el cómo

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Albert Einstein

En el ámbito educativo llevamos años analizando procesos, modelos y metodologías precisamente porque la necesidad de cambio es real y acuciante. Desafortunadamente, el sistema educativo es un macrosistema que se ha revelado escasamente ágil (y no solo por su magnitud).

Partiendo de este contexto, y a pesar de que existan líneas estratégicas globales, lo cierto es que lo que sucede en el aula depende en gran medida del docente. Así que ¿la calidad de la educación que reciban tus hijos es una cuestión de azar? Me temo que sí. Pero tranquilos que no es diferente de otros sectores. En el contexto sanitario es la misma diferencia que hay entre dar con un buen médico u otro que no lo sea.

En el macrosistema educativo podemos encontrar prácticas docentes basadas en un modelo transmisivo que se aplica por simple inercia profesional, frente a docentes que invierten horas y horas en diseñar nuevas experiencias educativas para fomentar el aprendizaje de un alumnado.

Antes hacía referencia a que existen líneas estratégicas globales. Por ejemplo, cada vez se hace más hincapié en el aprendizaje basado en proyectos pero ¿están los docentes formados en estos nuevos modelos? Al final, por muy atractivo que pueda parecer el planteamiento de una escuela, universidad, centro de formación, etc. todo dependerá de la capacidad y habilidades del formador que tengas enfrente. El docente es quien gestiona al grupo de alumnos, ayuda a establecer unas reglas del juego y promueve una determinada dinámica de clase.

Tomemos como ejemplo las propuestas de trabajo en equipo en el aula. Conviene aclarar que trabajar en equipo conlleva, entre otras cosas, que la gente sepa aportar puntos de vista diferentes para resolver un mismo problema (creatividad) y puedan aceptar opiniones diferentes a las propias. Por tanto, la flexibilidad cognitiva, la capacidad de negociación y otras muchas habilidades también entran en juego.  Ahora bien, en el aula ¿en qué convierte el trabajo en equipo en la mayoría de las ocasiones? En un simple reparto de tareas. Por tanto, ¿qué les aporta realmente esta experiencia?

Al igual que la creatividad, el trabajo en equipo es una habilidad que podemos desarrollar cuando nos aportan estructura y método. Por tanto, si pretendemos sacarle partido a este tipo de actividades también deberíamos tomar en consideración lo siguiente:

  • Enseñar a trabajar en equipo
  • Explicar y desactivar el fenómeno de pensamiento grupal
  • Ofrecer protocolos de trabajo orientados a fomentar la creatividad (para estimular la ideación)
  • Guiar o mentorizar a los equipos durante el desarrollo de la actividad
  • Analizar conjuntamente con el grupo cómo se han desenvuelto una vez que ha terminado la actividad

Desde mi humilde opinión, creo que omitimos muchos de estos aspectos por lo que se cercena gran parte del aprendizaje que pueden obtener a partir de la experiencia vivida. En este tipo de situaciones sería fantástico trascender los límites del contenido mismo y promover un ejercicio de reflexión individual y grupal que realmente pueda servir como palancas de cambio. Ésta es una de las fronteras que debemos superar en la educación para el desarrollo de competencias.

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Autor: 
Javier Díaz