Conductas de riesgo ¿Por qué?

La mayoría, sobre todo los adultos, prefieren tener pájaro en mano que ciento volando. Son los mismos que piensan que la avaricia rompe el saco cuando alguien se arriesga. ¿De qué depende inclinarse por situaciones seguras o lanzarse hacia escenarios inciertos con expectativas de conseguir algo mejor?

Hoy un grupo de científicos de la Universidad de Stanford (EE. UU.)describe con detalle en la revista Nature los circuitos neuronales de los comportamientos de riesgo en ratas. Estas conductas también están presentes en numerosas especies porque aseguran su supervivencia, como en pájaros, abejas y avispas, sin dejar de lado a los humanos.

Según los resultados del estudio la tendencia hacia el riesgo o la seguridad en la toma de decisiones depende de un pequeño grupo de neuronas del núcleo accumbens, el territorio cerebral del sistema de recompensa donde también se cobijan las células nerviosas relacionadas con el placer y la adicción.

 

Los científicos han observado diferencias genéticas y anatómicas “relevantes” en estas neuronas. Concretamente en un tipo de receptores de la dopamina, un neurotransmisor implicado en la motivación. Estudios anteriores habían observado mediante neuroimagen una mayor actividad de esta región neuronal durante la toma de riesgos.

Optogenética, el poder de la luz

Los investigadores también fueron capaces de controlar las señales neuronales detectadas previamente mediante la optogenética, una técnica que permite controlar la actividad de las neuronas con las longitudes de onda de la luz.

Karl Deisseroth, coordinador del estudio, es uno de los padres de este método revolucionario en neurociencia que permite estudiar la función cerebral.

Los autores del estudio instalaron una fibra óptica fina como un cabello en el núcleo accumbens de las ratas para monitorizar las señales electroquímicas de estas neuronas. Así convirtieron ratas arriesgadas en roedores conservadores modulando los receptores de dopamina en el grupo de neuronas del núcleo accumbens mediante optogenética. Su inclinación por el riesgo volvió a su estado natural cuando les retiraron la manipulación de esta técnica.

En el experimento, basado en la recompensa de agua azucarada, dos tercios de las ratas se mostraron conservadoras mientras el resto prefirieron arriesgarse para descubrir si la recompensa que les esperaba era superior o no a la media.

La ventaja evolutiva y el peligro del riesgo

La ventaja evolutiva del comportamiento arriesgado es conseguir una recompensa mayor que la obtenida con una actitud conservadora. “Como especies no hubiésemos llegado tan lejos sin ello”, comenta en la nota de prensa Deisseroth. Sin embargo, la predisposición al riesgo también puede ser “perjudicial”, advierte sobre accidentes, adicciones y fracasos financieros.

El estudio podría contribuir a una mejor comprensión de algunas enfermedades psiquiátricas y sus tratamientos, aseguran los autores. Por ejemplo, el pramipexol es el fármaco más prescrito para tratar los síntomas del Parkinson y el síndrome de las piernas inquietas. Al ser un agonista de la dopamina algunos pacientes desarrollan una necesidad de jugar apostando dinero. Otros estudios habían analizado el efecto de este medicamento en las decisiones arriesgadas de roedores pero la manipulación con el fármaco producía resultados inconsistentes.

El hallazgo también representa “un éxito para la neuroeconomia”, la ciencia que se esfuerza en vincular modelos económicos y funciones cerebrales, concluyen Nick G. Hollon y Paul E.M. Phillips, autores de un comentario que acompaña el estudio e investigadores del Instituto Salk de Estudios Biológicos y la Universidad de Washington, respectivamente.

Las conductas de riesgo son contagiosas
Esta semana un equipo de investigación del Instituto Tecnológico de California (Caltech) ha concluido que los humanos somos propensos a cambiar nuestra preferencia a tomar riesgos en función del comportamiento de los otros. El estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), recoge 24 imágenes por resonancia magnética funcional que, combinadas con modelos computacionales, muestran la activación de regiones neuronales asociadas a la evaluación del riesgo y el aprendizaje sobre las actitudes de otros.
Autora: Nuria Jar

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