Conexión emocional: ¿Qué hace falta para sentirla?

A veces nos pasa que no nos sentimos conectados a nuestra pareja, a nuestros amigos o familia. Sentimos que aunque nuestros cuerpos están presentes, cada quien está “por su lado”, enfocado en algo más importante que lo que está pasando en ese momento. Podemos tener la sensación de que al fin y al cabo sólo nosotros mismos nos entendemos realmente, esto se puede experimentar como un vacío, una soledad, y aunque esta sensación es universal, muy humana y estamos destinados a sentirla en varios momentos en nuestra vida, también podemos entender qué está pasando en las interacciones en donde no hay conexión emocional.

La falta de conexión emocional puede venir porque en el acercamiento o charla que estamos teniendo existe una inadecuada respuesta emocional.

Desde que nacemos tenemos la necesidad de sentir que nuestro cuidador primario: mama, papa, abuelo, etc. responde a nuestras señales. Recordemos que nuestra única herramienta de superviviencia cuando somos bebés es la atención que recibimos y la habilidad para llamar esa atención.

Cuando somos pequeños, empezamos a señalar con el dedo o con algunas palabras lo que nos  interesa, por ejemplo señalamos la pelota o el perro y nuestra mamá o papá nos dicen “Pelota, ¡Si! Que grande la pelota ¿te gusta mi amor?” o por ejemplo, decimos “Perro” y nuestra mama o papá nos responde: “Si, ese es un perro, mira cómo corre”.

Los padres suelen ser muy buenos en reflejar las emociones de sus hijos, les acompañan en sus experiencias.   Si el bebe sonríe ellos sonríen, si el bebé hace un ruido, los padres lo imitan o le responden. Hay un diálogo que viene y va en donde el niño da señales y los padres responden a estas. Este proceso hace que nos sintamos Vistos, Escuchados y Comprendidos y que nuestro sistema límbico en el cerebro y el sistema nervioso se mantengan equilibrados y calmados. Tenemos una sensación de conexión mientras recibimos una pronta respuesta emocional.

¿Has visto que suele hacer un niño pequeño cuando se cae de una manera sorpresiva o se golpea de forma moderada? Suele buscar el apoyo y la cercanía de sus padres o cuidadores, quiere que lo abracen, le tomen de la mano y simplemente este acto hace que se sientan seguros de nuevo. El contacto físico y la respuesta emocional liberan hormonas como oxitocina que regula y calma nuestro sistema nervioso.

Cuando no sentimos respuesta emocional de parte de nuestros padres, nuestro sistema nervioso se dispara y manifestamos cierto grado de preocupación o pánico.

Ahora, los adultos ya no hablamos como los niños, tenemos un nivel mayor de maduración, sin embargo seguimos buscando una respuesta emocional.

Por ejemplo si dices:

“Hey me encantó la película que vi ayer” y si tu pareja quiere acompañarte en esa experiencia te puede preguntar cosas como “¿Si?, ¿Qué fue lo que te gustó de la película?”, “¿Cómo te hizo sentir?” si por ejemplo es del tipo de películas que te gustan te podría preguntar “¿Te gustó más esta o la otra que vimos el otro día?” o si no sueles ver ese tipo de películas te puede mencionar “¿Ah, te gusta ese género… no lo sabía, qué otras películas son tus favoritas del género?”.

Ojo, el tipo de preguntas que te hace tienen el objetivo de conocer tu experiencia personal, por ejemplo qué quiere decir de ti mismo que te gusten esas películas, cuáles son tus preferencias, cómo te sentiste viendo la película etc. Al final las preguntas son exploraciones para conocer tus gustos, sueños, miedos, aspiraciones.

Si por ejemplo dices “Hey me encantó la película que vi ayer” y tu pareja te responde: “Ah, qué bueno”, o “¿A qué horas la viste?” o “¿Con quién la viste?” y la respuesta es cerrada y concreta: “Ayer a las 10, con mi hermana”. Y la conversación termina ahí. Aquí hay una oportunidad de explorar que no ha sido aprovechada.

Es cierto que no todas las conversaciones serán profundas y emocionales, sin embargo la idea es que regularmente tengamos conversaciones que nos lleven a explorar cómo nos impactó cierta experiencia, cómo lo vivimos, qué quiso decir para nosotros.  Esas son las preguntas que fomentan la intimidad.

Es importante notar que las respuestas no emocionales no se refieren necesariamente a contestaciones bruscas, mal educadas u hostiles. Puede ser una respuesta perfectamente normal y amable, pero eso no significa que esté fomentando la conexión emocional.

Por ejemplo:

  • “Hoy presenté mi trabajo final en la universidad”

Respuesta no emocional: “Ah que bueno”, “Ya por fin, me alegro”. (termina la conversación)

Respuesta emocional: “¡Felicidades!; ¿dime cómo te sentiste cuando la entregaste?,  ¿qué significa ese paso para tí?, ¿que toca después?; ¿¡cómo lo vamos a celebrar?!;” etc.

  • “Mi tía que vive en el extranjero viene a visitarnos”

Respuesta no emocional: “Ah, que interesante”, “¿De dónde es?”.  (termina la conversación)

Respuesta emocional: “Wow, que interesante dime, ¿de dónde es tu tía?, ¿cuánto tiempo estará aquí? ¿hace cuánto no la ves? ¿cómo te sientes de volver a verla? ¿cómo fue tu experiencia viviendo con ella de pequeña/o? ¿se parece a tu mamá en el carácter?”

Cuando la respuesta emocional no se da,  nuestro cuerpo no libera las hormonas y los químicos que contribuyen a una sensación de pertenencia, seguridad y conexión. Experimentamos en vez de eso una plática trivial, una conversación “light”. Estamos interactuando pero esencialmente no estamos hablando de nada, sólo almacenamos contenido y datos.

La respuesta emocional también tiene que ver con la respuesta no verbal. La forma en cómo hablamos, la expresión de la cara, el tono de la voz. Si tu pareja está muy emocionada y dice “Wow, acabo de escuchar una canción que me encantó” tu respuesta puede ser plana y sin emoción: “Ah, que bueno” o  puede utilizar un tono abierto, con entusiasmo, sincronizándote con la expresión vista: “¿En serio? genial, enséñamela! : )”  Si tu amigo está molesto también puedes contestar a su nivel. Por ejemplo: “¡No me dejaron entrar a la clase!” Tu respuesta puede ser: “Puedo ver que estás molesto y frustrado; cuéntame en detalle, ¿qué fue lo que pasó?” (mientras tu cara refleja seriedad y/o intensidad).

Después de leer esta descripción de respuesta emocional, podemos reflexionar:

Si tengo pareja: ¿Estoy recibiendo y ofreciendo respuestas emocionales?

A mi familia: ¿Somos una familia con una tradición de respuesta emocional?

A mis amigos: ¿Solemos intercambiar respuestas emocionales o nuestras conversaciones son mas bien amenas, agradables pero faltas de profundidad y curiosidad de conocer nuestros estados emocionales?

Recurso extra:

La próxima vez que hables con un ser querido: un amigo, familiar o con tu pareja, intenta ahondar más en sus emociones, siéntelas en el cuerpo, desarrolla la curiosidad necesaria para conocer la experiencia de la otra persona.

Si en algún momento sientes que tu pareja o familiar no parece interesado/a en tu experiencia y no estás experimentando la conexión deseada, intenta primero tú hacerlo, a veces sólo eso se necesita para que ambos comiencen a incrementar la respuesta emocional.

Sé que también puede ser muy doloroso darse cuenta que tal vez la otra persona no ve valor en este intercambio o no tiene las herramientas para hacerlo, se necesitan tal vez varias conversaciones, madurez y probablemente pasar un viaje con algunas turbulencias (actitud defensiva)  pero si hay voluntad, existen muchas maneras de practicar y aprender, el factor clave es desarrollar la curiosidad para conocer el mundo interior de la otra persona, ¿cómo es? ¿qué siente? ¿cómo vivió la experiencia? ¿qué significado le dio?, en un ambiente de aceptación y compasión.

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Autor: 
nataliagurdian