El mensaje oculto en la ansiedad

20160223ProfundizarAnsiedad

En el artículo mecanismos de la ansiedad explicábamos como se originan los ataques de pánico a través de un mecanismo de evitación, y en la serie enfrentar el pánico dimos algunos consejos práctico acerca de cómo afrontarlos. En este artículo queremos ir un paso más atrás: intentaremos comprender el mensaje más profundo que la ansiedad nos transmite acerca de nosotros mismos y la forma en que estamos viviendo nuestra vida.
Según el modelo de Lazarus la ansiedad surge cuando valoramos las consecuencias de una situación como una amenaza para nosotros y a la vez percibimos que no tenemos los suficientes recursos para hacerle frente. Esta definición ya nos ofrece una primera pista acerca de cómo la ansiedad surge a través de una focalización excesiva en el futuro. Los seres humanos somos los únicos que podemos proyectarnos en el futuro y prever las consecuencias de una determinada situación. De ahí es de dónde nacen todas las ideas catastróficas (“Y si sale mal…”) De esta forma podemos extraer la primera conclusión del artículo: aprender a mantenernos en el presente y a sostener el miedo y la incertidumbre nos ayudará a mantener a raya nuestra ansiedad. Por eso herramientas como el mindfulness (enlace a mindfulness cotidiano) suelen ser útiles para tratar la ansiedad.
Sin embargo aún podemos ir un paso más allá y plantearnos por qué valoramos las consecuencias de una situación como catastróficas o por qué nos percibimos a nosotros mismos como incapaces de hacerles frente. Este planteamiento nos mueve a dejar de enfrentarnos a la ansiedad como algo ajeno a nosotros y a plantearnos cómo hacemos para qué la ansiedad arraigue en nuestra vida.
Desde los modelos humanistas de psicoterapia se plantea que el origen de los síntomas psicológicos como la ansiedad proviene del conflicto entre una necesidad genuina del individuo y los requerimientos que éste percibe en su entorno social. Generalmente los requerimientos del entorno social son los que nos hacen valorar como catastrófica una determinada situación. Por ejemplo: en una sociedad centrada en el éxito, suspender un examen o una bronca del jefe son catástrofes en potencia en la medida en que amenazan nuestras expectativas de futuro y la conformidad con nuestro grupo social. El sentimiento de no poder hacer frente a algo nace de la ceguera ante la responsabilidad sobre la propia vida: por un lado creemos que si no aprobamos el examen será el fin, por otro es posible que aquello que lo que sentimos que debemos hacer y lo que deseamos hacer no sea lo mismo.
Desde aquí la pregunta siempre es la misma: ¿Cómo hago para no permitirme hacer lo que deseo?, ¿Cómo hago para no permitirme descansar más?, ¿Cómo hago para no permitirme decir lo que pienso?, etc. Existen varias respuestas a esa pregunta que siempre obedecen a lo mismo: formas de volverme ciego ante mi propio deseo. En gestalt llamamos mecanismos de interrupción del contacto a las distintas maneras en que evitamos atender nuestras necesidades. Hablo de ellos aquí porque creo que pueden ayudar a las personas a ver mejor qué trata de decirles su ansiedad acerca de cómo viven su vida:
– A veces no nos permitimos expresar lo que deseamos por temor a que eso nos separe de los demás. Esta forma de alejarnos de nuestros deseos más genuinos es lo que denominamos confluencia y que de forma más simple expresaríamos como el temor a ser diferente, a distanciarse, a molestar al otro con nuestro punto de vista, etc. Muchas veces este temor ni siquiera es consciente, simplemente la persona no puede permitirse pensar ni sentir algo que no está subscrito por su grupo de referencia. Sin embargo eso en lo que no queremos pensar ni ponerle palabras permanece de alguna manera en nuestro cuerpo y puede ser un germen para la ansiedad. Este tipo de ansiedad se parece mucho a la ansiedad por separación en los niños y está muy relacionada con la dependencia emocional.
– Otras veces sí somos conscientes de qué desearíamos pero lo sancionamos como algo malo (inmoral, indecente) El uso de la expresión “debería…” “no debería” siempre señala una introyección y está relacionada con un tipo de ansiedad que oscila entre la frustración y la culpa.
– En otras ocasiones cuando proyectamos, estamos desplazando hacia los demás algo que percibimos como malo en nosotros mismos (sentir que los demás quieren agredirnos cuando lo que hay de fondo es un sentimiento de rabia hacia nuestro entorno, o temer que la pareja nos sea infiel cuando nos sentimos temerosos de nuestro propio deseo por otras personas) Entonces reaccionamos desde la suspicacia y el enojo: nos sentimos perseguidas y víctimas de los demás.
– Finalmente cuando la ansiedad queda retenida como algo que se moviliza dentro nuestro pero no podemos expresar aparecen somatizaciones y síntomas aislados como el dolor, el cansancio, la sensación de ahogo o las taquicardias que pueden evolucionar hacia cuadros más complejos como un ataque de pánico.
Abordar la ansiedad centrándonos sólo en el síntoma no hay duda que es posible, efectivo y eficaz: sirve para mejorar la calidad de vida de las personas. Sin embargo, ir un paso más allá y tratar de escuchar el mensaje que la ansiedad esconde puede permitir a las personas realizar cambios profundos y duraderos en sus vidas.

Autor: 
psicoterapiacotidiana