Inteligencia Emocional desde la infancia

Hoy contamos con otro artículo de Cristina Hermosa Villarta, quien ha decido escribir sobre eso que tanto oimos hablar últimamente, la inteligencia emocional . Gracias Cris

Ni  los niños ni lo adultos sabemos diferenciar las emociones, mi experiencia me lo corrobora y por ello, he decidido escribir sobre esto.

Parace aparentemente sencillo y creemos que nuestros hijos lo saben y aunque la mayoría sabe reconocer la expresión facial de las emociones básicas, se confunden cuando hablamos de ellas, de cómo las sienten (nombran tristeza cuando lo que sienten es ira…) o de cómo se sentirían ellos en determinadas situaciones.

¡Un breve repaso del cerebro y de las emociones a modo de juego sería un gran comienzo!

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Aproximación a la Inteligencia Emocional

Antiguamente se entendía la inteligencia solo como cociente intelectual, en la actualidad se considera que es su combinación con la inteligencia emocional la clave del éxito.

Siguiendo al psicólogo norteamericano Daniel Goleman, “la inteligencia emocional es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y manejar bien las emociones, en nosotros mismos y en nuestras relaciones”.

Se trata de un complejo concepto que engloba la autoestima, el control de impulsos, la motivación, las habilidades sociales,…

Componentes de la Inteligencia emocional:

Podríamos hablar de dos componentes:

  • el personal, compuesto por el conjunto de habilidades que dependen de uno mismo (autoconocimiento, autocontrol, automotivación,…)
  • el social, entendiéndolo como la capacidad que mostramos en nuestras relaciones con los demás (empatía, asertividad, habilidades de comunicación verbal y no verbal,…)

Padres, hijos y emociones

Muchos padres no se sienten seguros ni competentes a la hora de educar a los niños, influyendo sobre éste esa inseguridad.

No hay padres perfectos, pero sí podemos intentar convertirnos en “padres suficientemente buenos” (Winnicott) y dar nuestra mejor versión.

Así, sigo en mi línea subrayando la importancia de la infancia, ya que estas inseguridades, formas de reaccionar,… vienen marcadas muchas veces por su niñez. La felicidad de los niños depende en gran medida de cómo los tratemos, va a predisponer su vida.

El cimiento de una buena inteligencia emocional es identificar las emociones, etiquetarlas, ya que no podemos ayudar a nuestros hijos a controlar su ira o ver la tristeza en el otro si no entienden lo que es cada emoción.

Educar la Inteligencia Emocional

Para educar la inteligencia emocional, debemos ponernos en el lugar del niño, escucharle, darle confianza para que exploren y aprendan, crear un clima seguro en el que no se sientan juzgados, no sobreprotegerlos, ayudarle a pensar, fijarle metas, enseñar una actitud positiva, incentivar su curiosidad, iluminarle el camino, darle alas para que puedan aprender a volar ellos solos,…

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Enseñarles que todas las emociones son necesarias, no hay “unas buenas y otras malas”, dependiendo del momento, de la situación y de su manera de expresarlas.

“La comunicación con un progenitor, en otras palabras, capacita al niño para alcanzar una sensación de coherencia ante los confusos cambios que se producen en los mundos internos y externos” (Siegel)

Que llore porque se rompa su juguete favorito es normal, debemos ayudarlo a saber que lo que siente es tristeza; si, por el contrario no le damos importancia y nuestro mensaje es de incomprensión (“Vaya tontería, con todos los juguetes que tienes”), él aprenderá a no expresar lo que siente, a pensar que eso es malo y reprimir su expresión emotiva con su posible somatización.

Cuando hablo de etiquetar me refiero a las emociones, no a la persona, ya que una etiqueta aparentemente positiva como pueda ser decirle al niño “eres muy bueno” puede llevar a una actitud de indefensión ante bullying por no querer salirse de su nombre, de esa etiqueta tan positiva que creen y valoran sus papás, y no querer decepcionarlos; esa etiqueta que poco a poco el niño interioriza como un gen más.

¿Qué son las emciones?¿para qué sirve lo que siento?

Ayudar a nuestros hijos a tener una alta capacidad emocional les llevará a ser adultos más seguros y felices, capaces de enfrentarse a cada reto. Ayudarles no significa hacer las cosas por ellos, deben aprender a pensar, a buscar soluciones,… a ser autónomos y valorarse.

“Dime y lo olvido,
Enséñame y lo recuerdo,
Involúcrame y lo aprendo” Benjamín Francklin

La madurez emocional es muy importante para desenvolverse con éxito, ya que seguramente estaremos de acuerdo al afirmar que por muy bien que pueda jugar un futbolista de élite, no podría seguir adelante con un estadio lleno de abucheos o después de fallar un penalti decisivo, si no está preparado emocionalmente.

La inteligencia emocional nos acompaña toda nuestra vida, por lo que se trabaja cada día. Los niños nos observan a todas horas y aprenden más por lo que ven que por lo que oyen, de nada sirve explicarle que intente llevar su ira de una manera más positiva sin violencia (verbal o no verbal) si cuando nos enfadamos con ellos damos nosotros un golpe en la mesa o les gritamos, ¡SEAMOS UN EJEMPLO!

La inteligencia emocional para niños

“La inteligencia emocional, permite tomar consciencia de nuestras propias emociones, comprender los sentimientos de los demás, tolerar las presiones y frustraciones que se soportan; así como, acentuar la capacidad de trabajo en equipo y adoptar una actitud empática y social, que brindará más posibilidades de desarrollo social” Daniel Goleman.

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Autor: 
Cristina Hermosa