Jóvenes con Superpoderes y sin ballesta

No podíamos levantarnos con peor noticia, la del asesinato con una ballesta, por parte de un alumno, de un profesor en un IES de Barcelona. Se hablará ahora de la violencia en los videojuegos, de la irremediable exposición a todo tipo de barbaridades que sufren nuestros jóvenes en los nuevos medios. Se cargará contra las redes (como si estuviesen compuestas de algo más que de personas), contra las webseries, contra muchas otras manifestaciones de la libertad de opciones en la era digital.

Y se estará dando en el clavo: si en algo hemos avanzado en pocos años es en la libertad de elegir. Puede sonar hoy a banalidad pero ayer me contaba una buena amiga vegana que fue a través de internet, de las redes sociales, que se dio cuenta de que “un mundo sin comer animales” es posible. Ocurre a diario que conocemos en las redes cosas, como esta, que antes eran más difíciles de descubrir o no hubiésemos ni imaginado.

Conocer a otras personas, otras opciones, otras formas de vivir, pasa en la era de las redes sociales online de una forma mucho más abundante que nunca antes. Siguiendo con el ejemplo, mi sensibilidad vegetariana surgió a los dieciocho porque conocí en mi red offline a una persona que lo era y me convencieron sus argumentos, algo mucho más casual de lo que puede vivir cualquier joven ahora.

Era más difícil conocer, elegir también, convertirse en yihadistas. en partidarios de las matanzas Norteamericanas desde hace años en muchos países árabes, en simples asesinos de ballesta. Las TEP, las tecnologías, lo diré una vez más, nos empoderan, nos hacen más libres y posibilitan que participemos, en mayor medida que nunca antes, en el imaginario colectivo, en la conciencia social, la evolución social y cultural. Nuestros jóvenes tienen más herramientas que nunca para convertirse en Superhéroes o Supervillanos, para crear un mundo, mucho peor o mejor.

Lo decía en en Twitter (lo he matizado ahora porque estaba generando ruido por una posible malinterpretación):

Y en Facebook:

“Y ya que no somos capaces de prevenir cosas como el asesinato de la profesora en Barcelona, ¿se encargarán YA los responsables de crear un PLAN específico de PREVENCIÓN de este tipo de barbaridades? No se trata de seguir formando en valores, ética, empatía, educación emocional, etc… se trata de PRIORIZAR esos temas por encima de cualquier otra competencia en nuestras escuelas.
No me cansaré de repetirlo, el momento es crucial, cualquier joven tiene ante sí la posibilidad de ser feliz y a la vez dar un salto evolutivo en la escala de desarrollo moral o de elegir la peor opción. O preparamos a estos jóvenes con superpoderes o este tipo de situaciones, desgraciadamente, se repetirán.”

“Para evitar más discusiones, NO estoy en contra de los videojuegos (que son obviamente un reflejo de la realidad y por tanto tb. de la violencia que vivimos), estoy a favor de Educar Emocional y Éticamente, destinando infinitamente más recursos a ello, a una generación que va a poder elegir como nunca y que por tanto va a crear un mundo, o mucho mejor o mucho peor del que nos ha tocado vivir.”  


¿Qué otros argumentos necesitamos para planificar, desde YA, la prevención de lo que no queremos que ocurra?

La solución, ante la inutilidad  e inconveniencia, creo, de cualquier prohibición (prohibir hoy significa perder la posibilidad de educar sobre algo que, lo prohibamos o no, va a seguir formando parte de la realidad en la que viven nuestros hijos/as o alumnos/as), es una sola: Educación emocional, en empatía, en valores, en ética.

En la escuela, en casa, con los amigos, en redes, desde las instituciones, todos/as los que estamos convencidos /as del valor irrenunciable de la vida ajena, de tantos otros principios y valores que deben estar por encima de todo,somos responsables de aportar recursos en educación, difundir, hacer cada vez más fácil de encontrar para nuestros jóvenes con superpoderes, esta nuestra opción.

Transcribo, en este sentido, aportando mi granito de arena como creo que todos/as deberíamos hacerlo, otro twitt en forma de petición. 

Autor: 
Dolors Reig