La caja de herramientas

Todos disponemos de una caja de herramientas del mismo tamaño para enfrentarnos lo mejor posible a las circunstancias que nos plantea la vida y a las que nos empeñamos nosotros mismos en enfrentarnos.

Lo que nos diferencia son una serie de detalles que pueden resultar muy significativos:

- Cada cual tenemos una herramienta preferida. Aquella con la que nos sentimos más cómodos. Lo que nos diferencia es que una cosa es tener una preferencia y otra es no plantearse la posibilidad de utilizar otras. No sé si fue Mark Twain o Maslow quien dijo "si tu única herramienta es un martillo resolverás todos tus problemas a martillazos". Creer que hay una herramienta universal que sirve para solucionarlo todo no sólo es erróneo, resulta peligroso. Más aún en el caso de aquellas personas que se sienten orgullosas de ello y se reafirman públicamente diciendo eso de "yo soy así, y no pienso cambiar", como si el orgullo por ser estúpido fuese algo de lo que presumir...

- Podemos incorporar nuevas herramientas de las que veamos en nuestro entorno. Todos nacemos con una "caja genética" y nuestro entorno familiar nos ayuda a ampliarla. Pero luego la actitud que tengamos en diferentes etapas de nuestra vida nos ayudará más o menos a ampliar la variedad. Personas con una actitud más abierta acostumbran a tener más herramientas que personas con actitudes más cerradas.

- Hay quien concede a sus herramientas un poder casi mágico, otorgando el mérito de casi todo lo bueno que le ocurre a las herramientas que sabe manejar. En cambio, hay personas que sin ser arrogantes saben que las herramientas ayudan, pero lo importante es el cerebro de quien las maneja. Los primeros viven obsesionados con el cuidado exhaustivo de su caja, los segundos centran su atención en sus necesidades y en las de su entorno.

Recordemos que no somos las herramientas que tenemos, sino las que sabemos utilizar adecuadamente...

Autor: 
Miguel Ángel Raya Saavedra