La fantasía de ser violada: un enigma en la erótica de la mujer

Entre el 31 y el 62% de las mujeres ha fantaseado alguna vez con ser violadas. Un equipo de la Universidad de Texas lleva varios años investigando este fenómeno (1). Entre los hallazgos más sorprendentes está que el 90% de las mujeres que han fantaseado con ser violadas lo viven de una manera erótica y excitante.

En un reciente estudio, el 62% de una muestra de 355 mujeres universitarias informaron fantasear con ser violadas, siendo el 52% de las ocasiones la fantasía más común “ser dominada o forzada a entregarse sexualmente contra su voluntad por un hombre”. Esta fantasía era experimentada al menos una vez al mes por el 40% y al menos una vez a la semana por el 20% de las mujeres (1).

Ante este enigTerapia sexual en Bilbaoma han sido varias las teorías puestas a prueba desde la investigación centrada en el comportamiento sexual.

La “Teoría de la evitación de la culpa sexual” lanza la hipótesis de que esta serie de fantasías permiten a las mujeres evitar la culpabilidad que pueda derivarse de expresar directamente sus deseos sexuales (2). La educación sexual recibida por la gran mayoría de las mujeres ha tratado que estas desarrollen un sentido de no ser percibidas como una persona promiscua. Por el contrario, los hombres han desarrollado un aprendizaje a través del cual que pueden alardear con mucha mayor libertad de sus conquistas y relaciones sexuales. Esta tendencia puede observarse a través de las etiquetas de “puta” para la mujer promiscua y “don Juan” para los hombres. Así, esta teoría propone que para ciertas mujeres las relaciones sexuales consentidas pueden promover sentimientos de culpabilidad y malestar. Sin embargo, a través de la fantasía de ser violada la mujer es obligada a llevar a cabo un acto sexual a través del cual no puede ser culpada.

En segundo lugar, la “Teoría de la Apertura a la experiencia sexual” propone que esta serie de fantasías derivan de una actitud ampliamente abierta y tolerante, así como libre de culpa a experimentar vivencias sexuales (3).

Finalmente, desde la “Teoría de la Deseabilidad Sexual” la fantasía de ser violada se explica desde la imposibilidad de control por parte del hombre ante el atractivo y la irresistible presencia erótica de la mujer (4). La fantasía de ser violada se convierte en el testigo del poder sexual, una fuente de arousal sexual y un sustento para la autoestima de la mujer (Kanin 1982).

Psicólogo de pareja en Bilbao
En el único estudio llevado a cabo, la teoría con mayor apoyo empírico fue la “Teoría de la Apertura a la experiencia sexual” (1). La fantasía de ser violada o forzada sexualmente, huyendo del dolor y el sufrimiento que infringe el acto sexual no consentido y forzado, podría estar reflejando la fantasía de ser dominada de manera apasionada por un hombre que aumenta las cotas de deseo, libido y arousal sexual en la mujer, tal y como ocurre de manera recurrente en el cine o la literatura de temática romática y/o erótica. Ejemplos de tales fantasías las podemos encontrar en películas como “Infiel” (Lyne, 2002), “Secretary” (Shainberg, 2002) o “Una historia de violencia (Cronenberg, 2005) con su famosa escena de la escalera.

Al parecer, entre los mecanismos implicados en la fantasía de ser violada podrían participar la idea de que la libido sexual difícilmente podría llegar a ser activada por un hombre que sea fácilmente disuadido e intimidado ante su exposión en el acto sexual.

Finalmente, tal y como apuntan la psicóloga Jenny Bivona y el psicólogo Joseph Critelli, a pesar de que la fantasía de violación presenta similitudes con la estructura de la violación real a través de la utilización de la fuerza y la presencia de una falta de consentimiento, la fantasía no incluye violencia descontrolada, ni la simulación de una angustia y un dolor ante la obligación de hacer algo que la mujer no quiere hacer (5) (6). Así, la clave diferenciadora es que en la fantasía de ser violada son dos mujeres las involucradas; la mujer que construye su propia fantasía y el personaje ficticio o imaginado que la vive. La escena de violación erótica ocurre contra la voluntad del personaje autoimaginado no contra la voluntad de la mujer que fantasea.

Las fantasías eróticas no son experiencias que quieran vivirse en la realidad. Cuando se actúan y se simulan en todo momento se juega con el control y la decisión. Las mujeres que han vivido el trauma de ser forzadas a actos sexuales no consentidos, no fantasean con ser violadas, no juegan a ser dominadas, de la misma forma que en un país en el que se sufre la guerra y la destrucción no se juega al paintball. Como apunta Esther Perel (7) las fantasías son juegos subversivos, y para jugar una debe de ser libre y para ser libre, una debe sentirse segura.

(1) Bivona, J. M., Critelli, J. W., & Clark, M. J. (2012). Women’s Rape Fantasies: An Empirical Evaluation of the Major Explanations. Archives of sexual behavior, 41(5), 1107-1119.

(2) Hawley, P. H., & Hensley, W. A. (2009). Social dominance and forceful submission fantasies: Feminine pathology or power? Journal of Sex Research, 46, 568–585.

(3) Strassberg, D. S., & Lockerd, L. K. (1998). Force in women’s sexual fantasies. Archives of Sexual Behavior, 27, 403–414.

(4) Knafo, D., & Jaffe, Y. (1984). Sexual fantasizing in males and females. Journal of Research in Personality, 18, 451–462.

(5) Bivona, J.M., & Critelli, J.W.(2009).The nature ofwomen’s rape rantasies: An analysis of prevalence, frequency, and contents. Journal of Sex Research, 46, 33–45.

(6) Kanin, E. J. (1982). Female rape fantasies: A victimization study. Victimology: An International Journal, 7, 114–121.

(7) Perel, E. (2014). Erotic fantasy reconsidered: From tragedy to triumph. In Critical Topics in Family Therapy (131-137). Springer International Publishing.

Autor: 
irrika