La impotencia desde el punto de vista psicológico

La impotencia es un sentimiento que va íntimamente ligado al de la frustración. Básicamente, nos sentimos impotentes frente a hechos, situaciones o comportamientos sobre los que no podemos ejercer influencia alguna. Episodios que escapan de nuestro control y que, además, nos resultan incomprensibles. Precisamente esa incapacidad e imposibilidad de reacción es la que nos conduce a la frustración.

Fénomenos y situciones que escapan de nuestro control son los que nos causan la sensación de impotencia

Desde el punto de vista de los terapeutas, la impotencia es un sentimiento frecuente y normal que se da en todos los ámbitos de la vida, tanto en el plano de las relaciones personales, el social o el laboral. La convivencia implica que cada individuo actúa según sus propios criterios, aplicando su esquema de valores y sus capacidades. Los choques entre distintas visiones en situaciones concretas son, pues, muy habituales.
Es normal sentir impotencia en nuestra vida, ya sea en aspectos laborales, familiares, amorosos....
El problema es, como ocurre con tantos otros sentimientos, que la persona sepa manejar esa impotencia y la frustración consiguiente. Hay que evitar que esa sensación se enquiste, nos genere inseguridad e impida que tomemos partido en aquellas otras ocasiones en las que sí podemos intervenir.
El peligro aparece cuando la impotencia genera frustración 
Por eso, según los psicólogos, lo esencial es que asumamos que hay circunstancias sobre las que no tenemos posibilidad de acción. Se trata de romper con el proceso mental que aplicamos al resto de situaciones, cuando buscamos una salida para cambiar lo que no nos gusta. 
Hay que asumir nuestra incapacidad de influir y renunciar a ese objetivo. Tras un periodo de dolor normal, debemos plantearnos nuevas perspectivas y avanzar en otros caminos. Esto es especialmente importante en el caso de frustraciones amorosas.
Autor: 
David Clemente