La utilidad de lo inútil. Nuccio Ordine

Todo puede comprarse, es cierto. (...) pero no el conocimiento: el precio que debe pagarse por conocer es de naturaleza muy distinta. Ni siquiera un cheque en blanco nos permitirá adquirir mecánicamente lo que sólo puede ser fruto de un esfuerzo individual y una inagotable pasión. 
Nadie, en definitiva, podrá realizar en nuestro lugar el fatigoso recorrido que nos permitirá aprender. Sin grandes motivaciones interiores, el más prestigioso título adquirido con dinero no nos aportará ningún conocimiento verdadero ni propiciará ninguna auténtica metamorfosis del espíritu.

Por mucho dinero que tengas, por muchos libros que compres, para adquirir su conocimiento, siempre deberás empezar por leerlos y a partir de ahí...

"Estaría bien, -le explica Sócrates a Agatón en El Banquete- que la sabiduría fuera una cosa una de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros, como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de la más llena a la más vacía."

El conocimiento no fluye de un intelecto a otro, sólo se puede adquirir con esfuerzo.
Pero hay algo más. Sólo el saber puede desafiar una vez más las leyes del mercado. Yo puedo poner en común con los otros mis conocimientos sin empobrecerme, (...) es un proceso virtuoso en el que se enriquece, al mismo tiempo, quien da y quien recibe.
La grandeza se percibe mejor en las cosas más simples y no mercantilizadas.
"Si diariamente defraudas, engañas, buscas y haces componendas, robas, arrebatas con violencia -advierte Cicerón en las Paradojas de los estoicos- si despojas a tus socios, si saqueas el erario (...) entonces, dime: ¿significa esto que te encuentras en la mayor abundancia de bienes o que careces de ellos?"  
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