Las cinco necesidades básicas (y lo que pasa cuando no las obtenemos)

Todos tenemos diferentes necesidades básicas indispensables para nuestro bienestar físico y mental.

Estas son las 5 necesidades básicas según NARM (modelo relacional neuro-afectivo):

  • Conexión: sentir que pertenecemos al mundo.  Sentirnos conectados con nuestro cuerpo y emociones, así como poder conectarnos con las emociones de los demás.
  • Sintonización (attunement): la sintonización es similar a la conexión. Cuando estamos sintonizados, también estamos conectados. Sin embargo, lo particular de la sintonización es que nos permite reconocer las necesidades propias e intuir las necesidades del otro. Esto nos permite atender a las necesidades de nuestros seres queridos de una manera empática, respetuosa y afectuosa.
  • Confianza: tiene que ver con seguridad y el buen balance entre dependencia e independencia. Cuando nos sentirnos seguros con nosotros mismos y los demás, dejamos que los otros vayan y vengan sin sentirnos ansiosos. Una buena confianza nos ayuda a vivir una sana dependencia -independencia.
  • Autonomía: tiene que ver con poder decir no y marcar límites sanos. Cuando hay autonomía nos sentimos seguros de poder decir lo que pensamos y sentimos sin culpa o miedo.
  • Amor/Sexualidad: sentirnos amados y apreciados. Además poder integrar relaciones amorosas con la sexualidad vital.
Satisfaciendo nuestras necesidades más importantes

De pequeños, vamos satisfaciendo diferentes necesidades constantemente: buscamos a nuestra mamá o papá y la encontramos disponible para nosotros. Pedimos ayuda y lo obtenemos. (necesidad de confianza). Buscamos la atención de nuestros papás y la conseguimos. (necesidad de sintonización) Lloramos del susto y nos arrullan hasta que nos calmamos. (necesidad de conexión). Abrazamos a nuestros papas y nos abrazan de vuelta. (necesidad de amor). No queremos más besos y abrazos “sofocadores” y nos dejan tranquilos (necesidad de autonomía), etc.

Cuando las necesidades no son satisfechas

El Dr. Laurence Heller, experto en traumas de relaciones, dice: “Cuando nuestras necesidades no son satisfechas de forma constante, podemos sufrir de tensión, rigidez muscular, desbalance del sistema nervioso y bioquímico.  Todo esto prepara el escenario para los síntomas y enfermedades.”

Cuando un niño no obtiene lo que busca, protesta. Pero si la protesta no funcionan y sigue sin obtener lo que necesitan, será muy propenso a sentir que hay algo malo con sus necesidades.

Los niños no pueden saber que es su ambiente el que no está respondiendo adecuadamente. Por lo tanto, interiorizan los fallos* de los cuidadores como si fuera su propio fallo: “Tiene que ver conmigo”

Por ejemplo: la madre está muy ocupada solucionando un problema en de su negocio. El niño busca la atención porque se siente solo o asustado. La madre no sintoniza con la angustia de su hijo, si no que le da un juguete para que se entretenga. La protesta del niño sólo hace que se gane un regaño fuerte. El niño siente enojo encima de la angustia. No sabe cómo manejarlo (ningún niño sabe).  Comienza a sentir que no debería buscar tanto a su mama, hay algo que está mal en él o en lo que hace (vergüenza o culpa).

Por supuesto que todas las madres han tenido momentos en los que no han podido atender a sus hijos (por cualquier motivo),  es perfectamente normal y esperable. Sin embargo aquí estamos hablando de un acumulado de experiencia tras experiencia en donde alguna o varias de las necesidades básicas no es satisfecha.

Laurence Heller dice: “Al reaccionar a los “fallos” de los cuidadores para satisfacer sus necesidades los niños sienten diferentes niveles de enojo, vergüenza, culpa y colapso fisiológico. Trágicamente, si  hay falta de sintonización (attunement) de sus necesidades básicas, los niños no aprenden a sintonizarse con sus propias emociones.

Cuando las necesidades básicas son insatisfechas de forma consistente, el ciclo de satisfacción de las necesidades es interrumpido y la desregulación del sistema nervioso y distorsión de identidad comienzan y muchas veces tiene un efecto negativo que puede impactar a lo largo de la vida (si no es detectado).”

Esto quiere decir que la insatisfacción de las necesidades nos puede provocar poca capacidad de regular las emociones (es decir de auto calmarse), ansiedad, impulsividad, dependencia no sana, baja autoestima, sensación de vacío y mas.

Pero…

Debido a que no queremos y evitamos sentir emociones descontroladas, dependencia, vulnerabilidad, vacío, inseguridad etc. intentamos adaptarnos y suprimir las necesidades y emociones que vienen con éstas.

La identificación de vergüenza y orgullo

En ese juego de identificarnos con lo que nos faltó: “fue por mí, yo tengo algo malo” y tratar de adaptarnos y volverlo un orgullo: “en realidad así soy y lo prefiero. Así estoy mejor” es donde nos perdemos de nosotros mismos.

En este post te presento un modelo muy interesante sobre los diferentes tipos de necesidades y las dos caras de la moneda: la identificación de vergüenza (es por mi) y la identificación de orgullo (así me gusta a mi).

Ninguna de las dos posiciones nos ayuda. Ambas nos hace seguir desconectados con nuestro yo real.

Ejercicio: Chequeando las cinco necesidades básicas

Chequea este cuadro para ver si encuentras alguna casilla con la que te identificas, luego lee la casilla de al lado. Tal vez encuentres algunas respuestas sobre tu comportamiento y la(s) necesidad/es base que no sentiste satisfecha a su totalidad:

Por supuesto, de adultos somos total y completamente responsables de nuestro estado mental.

Sabemos que nuestros cuidadores, maestros y hermanos hicieron lo mejor que podían con los recursos que tenían según su propia crianza, madurez y experiencia.

Sin embargo, es importante poder identificar las necesidades básicas no resueltas que tenemos, poder deshacernos de la vergüenza asociada y por lo tanto, de la necesidad de adaptarnos defensivamente.

No nos damos cuenta que aferrarnos a la forma de adaptación y sobrevivencia de pequeños (por ejemplo, suprimir necesidades o controlar todo) es lo que nos está haciendo sufrir en el presente.

Además, solemos emparejarnos con personas que resuenan a las mismas necesidades no resueltas.

Ahora que ya somos adultos, podemos aprender a regular nuestras emociones sanamente (a calmarnos) y a tolerar emociones que hubieran podido ser muy devastadoras de pequeños.

Ahora que ya somos adultos, podemos decidir integrarnos sin distorsiones. Conectarnos con nuestro yo real.

Nuestro yo real es aquel: resistente, confiado, amoroso, curioso, valiente, seguro. Eso es lo que está debajo de todos nosotros. 

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Autor: 
natalia gurdian