Las idioteces que se les ocurren a algunos nunca se le ocurrirían a una máquina.

...en determinadas ocasiones muy especiales, se afirma, que el "hombre el espacio", se da a conocer mediante el contacto directo con seres humanos escogidos de manera arbitraria, a los que hace entrega de leyes inalterables, las cuales éstos, entienden como voluntad divina, y a partir de ese momento, estos escogidos, nos lo transmiten a los menos afortunados, que no somos dignos, de que "el que todo lo sabe, el que todo lo ve, el que todo lo oye", se nos aparezca...
...y esas apariciones han ido desapareciendo, al mismo ritmo, que la ciencia explica esos fenómenos y que los móviles todo lo graban.
Cuanto daño hacen, los que esgrimen su "sabiduría", creyéndose en el uso de la verdad; sin darse cuenta, de que viven en la ignorancia de su propia ineptitud, al ni tan siquiera pensar, que pueden estar equivocados...
Nada hay bueno ni malo -decía Shakespeare- si el pensamiento no lo hace tal...
...a veces pienso que vivimos en una especie de mundo virtual, conectados a una maquina, que nos hace creer que vivimos una realidad que no existe como tal, inyectándonos recuerdos, esa "matrix" que puedes conocer en toda su realidad verdadera si te tomas la pastilla roja o quedarte como estás y olvidarme de la verdad, pero ser anestesiadamente feliz tomando la pastilla azul...
...pero claro, pienso, si una máquina está dirigiendo la vida de todos nosotros, inyectándonos recuerdos y vivencias, para mantenernos en un limbo del que poder chuparnos nuestra fuerza vital para "ella" sobrevivir, pues está claro que con toda esta calaña política que tenemos, con todos estos iluminados que nos dan lecciones que al parecer sus dioses les han dado a ellos, con todos estos pensamientos dotados de la mas grande estupidez humana que escupen todos ellos de sus bocas, con todos estos actos indignos y humillantes que cometen...
...pues que queréis que os diga, son estas veces las que te das cuenta de que no vives en una "matrix" porque las idioteces que se les ocurren a algunos nunca se le ocurrirían a una máquina.
Autor: 
Ruben Botana