Las psicosis: una breve introducción

20150215Psicosi

El artículo de hoy es una colaboración de Raúl Vilagrà, psicólogo clínico y especialista en psicosis

Dicen que quien sufre de psicosis está loco. De forma convencida, sentir voces que te hablan e incluso obedecerlas, creerse un mesías con poderes, pensar que el vecino sabe lo que piensas mediante un chip y que lo utilizará en tu contra, afirmar que alguien de afuera controla tus actos, etc. sin duda serían ejemplos paradigmáticos de la locura al uso, y por supuesto síntomas cardinales de una psicosis. La extrañeza de estas vivencias tan ajenas para tantas personas es evidente, y no parece que haya por donde cogerlas. Es en este punto donde se hace necesario reformular la idea de locura y recurrir a una definición más eficaz e inocua, es decir, la locura o mejor dicho, la inmersión en un proceso psicótico, se concebiría como un estado mental caracterizado por la “pérdida o deformación de la razón y de la autoconsciencia”. Cabe recordar aquí la célebre frase de Goethe: “la locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma”. En efecto, en las psicosis puede ocurrir que la razón deje de estar al servició de una voluntad y sentimientos más o menos domados, que los sentidos y la percepción se desdoblen y se vuelvan receptivos a nuevas realidades, o que la consciencia de uno mismo como un ser psíquico y físico unido se vuelva extrañamente divisible en partes, como si de un puzle se tratara.

Para que nos entendamos y al objeto de hacer de las psicosis algo más abordable, es necesario destacar que esta “pérdida o deformación de la razón” puede ir asociada a modo de ejemplo a: i) una dinámica de pensamiento cuya lógica es totalmente idiosincrática o directamente ilógica ir) a una tendencia a encontrar asociaciones a veces imposibles entre conceptos o eventos), iii) en interpretar las cosas que le pasan a uno y a los demás de una forma repetitiva o amenazante o tomárselo todo de una forma extremadamente personal y disruptiva iv) en ver y sentir cosas que solo existen y que son verdad para quien las vive v) en actuar o dejar de actuar según unas motivaciones difíciles de entender y que suelen generar extrañeza y preocupación entre quienes nos observan vi) en sufrir ansiedades intensas, cambios de humor inexplicables o por el contrario carecer de tono o resonancia afectiva, vii) en vivir la realidad y uno mismo de una forma desapegada, desde la perplejidad, como fuera de sí mismo o viii) en parecer que nada de lo que se le dice a esa persona le haga cambiar de opinión o replantearse las vivencias que refiere, etc. Obviamente, todos los fenómenos anteriores tienen múltiples formas de presentación, de relación y, de contenidos y de grados de intensidad, duración y afectación. Alguien puede estar psicótico presentando todos, algunos o solo uno de los fenómenos antes expuestos (en realidad no existe el síntoma único que por sí mismo defina la psicosis). Estos pueden ocurrir sin una causa aparente durante la adolescencia, de adulto e incluso en la vejez, en todo tipo de clases sociales y razas, bajo el consumo de tóxicos, bajo situaciones de estrés o después de experimentar eventos traumáticos de todo tipo, antes o después de una maternidad, mientras se está deprimido o muy feliz, etc. En efecto, estamos ante un fenómeno mental cuyo origen y presentación es caleidoscópico.

Naturalmente, existen diversos modelos de comprensión, investigación y tratamiento del fenómeno psicótico o el llamado espectro esquizofrénico (biomédico, psicológico desde sus distintas orientaciones y el contextual/narrativo). Pese que aquí es imposible hablar de ellas ni de forma general, no hay que olvidar que si bien todos los modelos son importantes, también tienen limitaciones insoslayables. En este sentido, Fernando Colina, eminente psiquiatra y ensayista, nos dice que “si alguien realmente piensa que puede definir la esquizofrenia o conocer su causa es que en cierto modo ha perdido la razón” (la cursiva es del autor).

Llegados aquí, ¿qué puede hacer un clínico a nivel psicoterapéutico? Infinidad de cosas, sí, pero con mucho sentido común y formación específica. Recordad que el camino hacia el infierno está empedrado de grandes intenciones. A grosso modo, y después de una evaluación completa y el establecimiento de vínculo (da igual lo que tardéis con el vínculo, sin vinculo no hay terapia que valga), en primer lugar, saber y aceptar que estamos ante una suerte de partida de ajedrez en la que “nuestro oponente”, esto es, el sufriente, se saltará las normas cuando le plazca y que no tolerara el menor atisbo de jaque en las primeras de cambio (o nunca a veces), es decir, olvidad de hacerle ver que lo que dice, piensa o siente no es verdad, que es un síntoma, una enfermedad, etc. Así es que en las terapias cognitivas al uso con gran carga racional y desafiante provocarán con frecuencia una rotura del vínculo con él/ella. En segundo lugar, y derivado del punto anterior, nuestro objetivo no será eliminar síntomas mediante la ingeniería del cambio, sino dar voz o narrativa a las experiencias, psicóticas o no, de la persona que tenemos delante desde el respeto y la aceptación, pero siempre desde la autenticidad (no dar la razón como a los tontos). Tercero, mediante un proceso colaborativo, nos centraremos en aislar contenidos mentales y conductas altamente modificables para luego intentar construir significados y sentimientos alternativos de las experiencias que él/ella decida (cuales quieran sean). En caso de éxito, pasar a contenidos no tan altamente modificables, pero siempre a su ritmo. Ojo, si nos posicionamos como figura omnipotente y persecutoria de sus síntomas más destacados clínicamente, romperán el vínculo instantáneamente (ese es uno de los hándicap del modelo psiquiátrico-farmacológico). Y cuarto, en caso de que podamos inculcar autoconsciencia de sus fenómenos psicóticos (un proceso que requiere un mimo y paciencia extraordinarios las más de las veces), entonces podremos fomentar un estilo de relación diferente y más adaptativo hacia sus síntomas y elaborar una narrativa biográfica desde su subjetividad que dé sentido a “todo”. Es en este punto donde hay que estar muy atentos a los sentimientos de terror, depresión y soledad que sobrevendrán ante tal desgraciado y penoso proceso de “darse cuenta”.

Autor: 
psicoterapiacotidiana