Meu Amigo Nietzsche...

La única manera de vencer al poder que esclaviza es pasar del miedo a la libertad, a través del conocimiento, ese conocimiento tiene que ser logrado mediante la educación crítica, que es la que nos enseña que, no hay "por qué" sin "cómo", y ese conocimiento es el que nos va a aportar herramientas que faciliten a cada persona crear su propia solución a sus propios problemas.
La ciencia de una generación, decía A. C. Clarke, era la magia de la precedente.
Un ser que elige sus actos guiado por esperanzas y miedos, de recompensas y castigos, es un ser heterónomo, esclavo. La literatura es peligrosa para aquellos que pretenden que tengamos el cerebro en barbecho, porque cuando éste despierta, empieza a darse cuenta de qué es mejorable. Es peligrosa porque nos hace libres. Se lee sin un objetivo, por el mero placer de leer. Los políticos que tienen en sus manos el verdadero poder no leen y, lo que es peor, no les gusta que la gente lea.
Cuando los que mandan, decía G.C.Lichtenberg, pierden la vergüenza, los que obedecen, pierden el respeto.
Avanzamos a golpes entre tinieblas; en el futuro, si triunfamos, el camino nos parecerá evidente y único. Luego están los que rigen bajo las máximas de su religión, que a grandes rasgos se resumen en esta frase...
...Actualmente no aceptamos nuevas ideas, gracias por tu interés, porque Dios lo dice, nosotros lo creemos y eso lo resuelve todo.
Mi amigo Nietzsche, el multipremiado corto sobre como un niño de las favelas en Brasil cambia su vida tras leer al filósofo, nos muestra ese interés innato que tienen los niños, esa fuerza interior que les obliga a absorber cual esponjas lo que leen y llevarlo a la práctica a pesar de fracasos o contratiempos, ese poder que emana de los libros y se traslada del autor al lector a pesar de los años. Un encuentro inesperado entre Nietzsche y Lucas es el comienzo de una violenta revolución en su mente, en su familia y en la sociedad. Al final ya no será un niño, ¡será dinamita!
“¡Arráncate los tapones de los oídos y escucha! ¡Quiero que hables! ¡Arriba! ¡Arriba! Aquí hay truenos bastantes para que también las tumbas aprendan a escuchar.Y borra de tus ojos el sueño y toda miopía, y toda ceguera. ¡Escúchame también con los ojos! Mi voz es medicina hasta para los ciegos de nacimiento.Y una vez despierto deberás estarlo para siempre.”Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra.
Autor: 
Ruben Botana