Miedo a atragantarse

El temor a atragantarse no es muy frecuente y se suele dar en pacientes que ya sufren algún trastorno de ansiedad

Pánico a tragarse una pastilla, engullir alimentos sólidos o beber líquidos sin ninguna enfermedad orgánica subyacente que pueda explicar tal temor. El miedo al atragantamiento está clasificado como fobia específica. En este artículo se describe qué es esta fobia y cuáles son sus características.

Fobia a tragar

Las personas con dificultades para tragar experimentan un gran temor ante la posibilidad de que no puedan ingerir alimentos
No hay datos sobre la prevalencia del miedo a asfixiarse por atragantamiento. En la literatura científica solo se recogen series de casos, aunque se estima que va en aumento, a tenor del número de investigaciones publicadas de los últimos años. Incluso no tiene entidad diagnóstica propia.



Las personas con dificultades para tragar experimentan un gran temor ante la posibilidad de que no puedan ingerir alimentos, algo que tiende a suceder cuando aumenta su ansiedad. Dan mucha importancia a este problema y le dedican mucho tiempo, mucha atención, y anticipan situaciones muy amenazantes. Todo ello provoca un aumento de su ansiedad y, por lo tanto, incrementan las sensaciones físicas que temen. Se ven inmersos en un círculo vicioso, en el que cada vez tienen más temor y más sensaciones físicas de dificultades para tragar.

Este problema se puede asociar con un trastorno de pánico o bien, por sí solo, puede constituir una fobia específica. Sin embargo, no se asocia con anorexia, ni con bulimia, ni con trastorno por atracón. Es decir, no se relaciona con trastornos de la alimentación y sí con trastornos de ansiedad.

Tratamiento para el miedo a atragantarse

El tratamiento psicológico -basado en la evidencia- es el mismo que para el trastorno de pánico. Incluye reestructuración cognitiva, técnicas de relajación y exposición.

La fobia a tragar no se asocia con trastornos de alimentación y sí con los de ansiedad
La reestructuración cognitiva consiste en dar información sobre el trastorno y entrenar al paciente para que no sesgue su atención, no preste tanta atención a sus sensaciones físicas de ansiedad relacionadas con la deglución, no anticipe situaciones difíciles, no conceda tanta importancia a la angustia, sobre todo, a estas sensaciones que son inocuas y no van a acabar con su vida, ni por inanición, ni por atragantamiento.

La relajación muscular, respiratoria y basada en la meditación e imaginación ha de practicarse de manera regular como mínimo durante tres meses.

Para las personas que evitan comer o ingerir algunos líquidos o alimentos, la terapia de exposición les enseña que, una vez que se ha "reaprendido" a pensar de manera correcta y a relajarse, la exposición paulatina de la ingesta también ayuda a disminuir la preocupación relacionada con tragar.






Autor: 
Elia Bernabeu