Ser tú mism@

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​La TREC considera que la salud mental se sustenta sobre pilares de tipo “filosófico”, pero no contemplados como entelequias alejadas de la realidad, sino como actitudes y valores que nos orientan para relacionarnos de forma racional y adaptativa. En TREC se habla de “creencias racionales” en contraposición a las “irracionales”, siendo éstas las que nos conducen a un diálogo mental absurdo e inútil, haciéndonos sentir mal, actuar mal y -en retroalimentación-, continuar pensando mal. Si las pautas de pensamiento que conforman nuestra filosofía de vida están contaminadas por creencias irracionales, tendremos la sensación de que algo no encaja, o incluso de encontrarnos en un callejón sin salida. Esta es una sensación recurrente en el plano de las relaciones interpersonales.

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Ellis sostiene que una persona emocionalmente sana es sensata, y se interesa en primer lugar por sí misma y luego, en un escalón un poquitito más bajo, por los demás. “Los demás” no es un concepto socialmente difuso o generalista, incluye a “los nuestros”: nuestra familia, pareja, amigos, compañeros, etc. Dejamos de ser nosotros mismos cuando creemos, -irracionalmente-, que “amar bien” es renunciar, y saboteamos nuestros principios en nombre del amor. La lógica es inexistente. El resultado es nefasto.

Bajo esas condiciones, conseguir que “mi felicidad y tu felicidad” formen pareja de baile se convierte en una labor espinosa. No se trata de marcar el ritmo, ni de dejarse llevar, sino de moverse al unísono, sin pisar ni ser pisado. Sin confundir amor con entrega absoluta, y en el peor de los casos con sumisión. ¿Los límites? Vienen definidos por la dignidad y felicidad propias. Cuando el “ser para otros” me impide “ser para mí” se enciende una señal de alarma. Empezamos a sentirnos inquietos. Nos ubicamos en un diálogo interno que nos aturde aún más porque parte de una creencia irracional: “siempre debo hacerlo todo bien”, y en ese “todo” incluimos nuestra manera de amar. El conflicto se instala cuando, -en nombre del amor-, declinamos los propios anhelos. 

No se trata de ser egoísta o desconsiderado, sino de comprender que podemos amar sin hacer renuncias disfrazadas de altruismo. Para alcanzar esa comprensión y ejercerla, hemos de detectar nuestras creencias irracionales y sustituirlas por creencias racionales. De hecho, la TREC nos ayuda a ser menos egoístas, al proporcionarnos las herramientas para reducir nuestra dependencia y necesidad de aprobación. A menudo las personas egoístas suelen tener una enorme necesidad de gratificación sin importar cuál sea su coste, pudiendo incluso sacrificar su dignidad.

Actuando en coherencia con unos principios sanos y equilibrados, seremos felices y podremos lograr relaciones plenamente serenas y dichosas.  “Ser tú mismo”, -desde el enfoque de la TREC-, significa vivir sin la necesidad de ser infalible, de obtener siempre la aprobación absoluta de los demás, y sin abdicar de ti.