Somatización y retroflexión: cuando el cuerpo cuenta lo que las palabras no dicen

Retroflexión y somatización

El siguiente caso es una continuación del caso del artículo anterior:

Las quejas físicas habían llegado a monopolizar todo el discurso de Ana durante la terapia. Se quejaba de dolores de cabeza frecuentes e intensos que aparecían de forma súbita, fatiga generalizada y dolor cervical con vértigos ocasionales. Toda su angustia estaba centrada en su malestar físico, al que consideraba una causa importante de su malestar emocional. A menudo, sus pensamientos y preocupaciones giraban en torno a su estado de salud y por eso había consultado con tanta frecuencia a su médico de cabecera. En una de las visitas con su terapeuta éste le pidió que le cerrara los ojos y se centrara en las sensaciones de su cuerpo. Él la fue guiando por las distintas partes del cuerpo hasta que llegaron a las sensaciones en su cara. En ese momento Ana notó que tenía la cara tensa y la mandíbula cerrada. Su terapeuta le pidió que exagerara el gesto y lo mantuviera durante un rato. Ana cerró los dientes con fuerza y al cabo de un rato empezó a notar como la tensión en sus sienes se volvía dolorosa, un dolor muy parecido al de sus migrañas. Después de tomarse un momento para relajar la mandíbula, él le pidió que repitiera el gesto pero que esta vez tratara de mostrar los dientes y darle movimiento. El terapeuta le preguntó “¿Qué te está pidiendo tu boca que hagas?” y Ana respondió sin pensar demasiado “Morder…” Seguidamente él le preguntó “¿A qué o a quién quieres morder tú?”

Cuando no hablan las palabras, el cuerpo lo hace. Cuando no existe una consciencia clara de la emoción esta se expresa a través del cuerpo. En el artículo anterior hablábamos de la desensibilización como de un bloqueo que nos impide ser conscientes de nuestras necesidades emocionales. La mayoría de las veces aunque esas necesidades no llegan a la consciencia y por tanto no pueden completarse, el cuerpo sí que queda cargado con la energía que esa necesidad emocional ha movilizado. El ejemplo más claro que puedo poner es en referencia a la expresión emocional de la rabia. Ana sentía rabia cada vez que su jefe le pedía que hiciera una tarea que ella consideraba injusta o desmedida en relación a los plazos. Una salida adecuada para esa rabia es una expresión modulada en el contexto para establecer un límite, simplemente sería decirle a su jefe “creo que no lo podré tener para la fecha que me pides”, “puedo hacer un esfuerzo puntual, pero ya estoy trabajando al límite y necesitarás contratar más gente”, etc. Por motivos relacionados con su historia biográfica Ana no podía expresar ni sentir con claridad esa rabia. Había aprendido que tenía que sentirse continuamente agradecida hacía el abuelo que la crió y no se permitía mostrar enfado ni disconformidad ninguna. Sin embargo sí que quedaba depositada en su cuerpo la huella biológica de esa rabia: tensaba los brazos y los hombros, cerraba con fuerza la mandíbula, etc.

En casos como el de Ana, la energía muscular necesaria para expresar una emoción se moviliza e inmediatamente se estanca quedando establecida así una postura muscular crónica. Ésta coraza muscular por un lado es el origen del malestar físico y por otro lado sirve de cobertura del malestar psicológico dado que habitualmente las personas no son cocientes de cómo se sienten hasta que no se produce un cambio corporal. En este caso por ejemplo, sería cuando el terapeuta invita a Ana exagerar una determinada postura para contemplar cómo se origina el dolor, o a movilizar y/o relajar los músculos implicados.

En terapia Gestalt, se llama retroflexión a este proceso por el que la energía necesaria para expresar una determinada necesidad emocional se moviliza sin que la emoción pueda hacerse consciente. En estos casos habitualmente las personas caen en procesos tipo “hacerme a mí lo que no puedo hacer en mi entorno”, es decir la energía movilizada se vuelve contra uno mismo. Esta forma de bloqueo emocional puede estar en el origen de síntomas muy diferentes: desde una paciente como la del ejemplo que carga con tensiones musculares psicosomáticas, ataques de ansiedad, conductas como la onicofagia, e incluso a un nivel más cognitivo personas que terminan llenándose de culpa porque no pueden expresar ni sentir con claridad la rabia hacia su entorno cercano.

Autor: 
psicoterapiacotidiana