SUICIDIO: avances en la prevención de la conducta suicida


El suicidio es la primera causa de muerte no natural ¿lo sabías? Cuesta entender los motivos por los que alguien decide, en un momento dado, poner fin a su vida. Sobre todo si tenemos en cuenta el fortísimo instinto de supervivencia que nos caracteriza a la mayoría de seres vivos. Pero el caso es que el suicidio está presente en la actualidad, y más de lo que pensamos. Sus cotas llegan a superar con creces otros tipos de fallecimiento, y ha pasado a ser un problema en nuestra sociedad avanzada y moderna. La mayoría de problemas se pueden intentar solucionar, pero podríamos decir que la muerte es, seguro, irresoluble. Debido a ello, solo nos queda una alternativa para hacerle frente: “atacarlo” antes de que aparezca. ¿Podemos anticiparnos a la conducta suicida de una persona? Es decir, ¿se puede prevenir el suicidio?

Todos somos conscientes del impacto que puede producir en una familia que uno de sus miembros decida acabar con su vida. Además de la pérdida de la persona, siempre queda una huella demoledora en el seno familiar que llena de angustia y preguntas a aquellos que se quedan en este mundo. Hace unos días leía con interés un estudio que me llamó la atención por el potencial futuro que promete precisamente en aquello que debe preocuparnos del suicidio, la prevención del mismo.

Científicos estadounidenses de la universidad de Pittsburgh han sorprendido recientemente a la comunidad científica presentando un enfoque innovador mediante el cual son capaces de asociar las alteraciones cerebrales en la representación de conceptos complejos y el riesgo suicida de las personas.

 


El estudio fue publicado en la prestigiosa revista “Nature Human Behaviour”.  Marcel Just, director del estudio y profesor de psicología en el colegio de Humanidades y Ciencias Sociales CMU afirma: “Lo central es que podemos decir si alguien está considerando suicidarse por la forma en que está pensando en los temas relacionados con la muerte”.

En el estudio se les hacía pensar a dos grupos distintos de personas (unas que ya habían intentado suicidarse y otras que no) sobre conceptos como muerte, crueldad, problemas, despreocupado, bueno y elogio;  y su respuesta cerebral quedaba reflejada y analizada por programas informáticos. Los algoritmos informáticos usados por los programas empleados, fueron capaces de identificar con una muy alta probabilidad, más del 90 por ciento, aquellos sujetos que habían intentado suicidarse anteriormente y diferenciarlos claramente de aquellos que no, incluso pudieron distinguir entre aquellos sujetos que lo habían intentado de aquellos que solo lo habían pensado.

En España, en el año 2014, se suicidaron un total de 3910 personas, en su mayoría población que podríamos considerar joven. Esto supone aproximadamente el doble de las personas que fallecieron por accidentes de tráfico en nuestro país ese mismo año. Durante los últimos años se ha venido observando un incremento mayor de lo que venía siendo habitual en décadas anteriores, que ha sido achacado, entre otras posibles causas,  a los efectos de una pronunciada y duradera crisis económica.

Los avances que se vislumbran es este campo, gracias a las aportaciones de la inteligencia artificial, son muy prometedores. Gracias a este enfoque innovador, se podrá arrojar un poco de luz al entendimiento de cómo funciona el “mecanismo suicida” y nos servirá también para romper esas barreras culturales que impiden que el suicidio deje de ser un tema tabú y socialmente ocultado. Sólo hay que echar un vistazo a las cifras de suicidio en España para darse cuenta de que es un autentico problema social que va en aumento y del que ni se habla ni sabemos lo suficiente acerca de cómo evitarlo a día de hoy, de ahí la importancia de este estudio y los que le seguirán en esta línea de investigación.

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Autor: 
Diego García García