Teoría del Apego y Terapia Gestalt

El apego es un vínculo emocional o relación especial, así como un lazo afectivo que el niño establece con un número reducido de personas y que le impulsa a buscar la proximidad con ellas a través de un contacto que le proporcione seguridad y haga posible un desarrollo óptimo de su personalidad.

Teoría del Apego y Terapia Gestalt

La teoría del Apego y Terapia Gestalt

Si bien, tradicionalmente es la madre con quien el bebé establece el vínculo de apego más intenso, no hay una exclusividad al respecto y éste puede establecerse exactamente igual con el padre (quien en la actualidad está cada vez más implicado en los cuidados de la primera infancia) o bien con cualquier otra personas que se erija como su cuidadora principal.

El psicólogo John Bowlby fue quien formuló la Teoría del Apego, cuya tesis fundamental consiste en que tanto la seguridad como la ansiedad o el temor de cada niño va a estar determinado en gran medida por la calidad de la accesibilidad a su figura principal de afecto (persona con la que se establecerá el vínculo), así como la satisfactoria respuesta de ésta a las demandas de ayuda por parte del niño.

A través de este artículo intentaré exponer de un modo breve, un tema tan apasionante como extenso al que dediqué mi tesina tras finalizar mi formación como Terapeuta Gestalt. Se trata de cómo entender la Teoría del Apego a partir de la Terapia Gestalt y cómo ésta contempla y explica —a través del proceso de contacto— las formas en que el bebé interactúa con su cuidador primario y las repercusiones en el desarrollo evolutivo del niño del vínculo que entre ambos surge.

Apego y Terapia Gestalt

He querido aportar desde el marco de referencia de la teoría de la Terapia Gestalt (la Teoría del Self y la Perspectiva de Campo) cómo las modalidades de contacto en la díada bebé/cuidador primario son formas relacionales que permiten –o no– el establecimiento y la consolidación del vínculo de apego.

Tanto el vínculo de apego como la calidad del mismo son determinantes en el concepto que elaboremos de nosotros mismos, del mundo y de nuestras relaciones.

Los teóricos del apego dejan constancia de que la vinculación del bebé con su madre se encuentra directamente ligada a las experiencias del mismo con sus cuidadores.

Así, nos encontramos con que las señales afectivas que el niño recibe de su madre, la calidad y la constancia de las mismas y la certidumbre y la estabilidad que esas señales le ofrecen, asegurarán o no el establecimiento de un vínculo de apego seguro.

Del mismo modo que la Teoría del Apego de Bowlby incluye las características del cuidador, o desde el modelo psicoanalítico se contempla las consecuencias que esta cualidad parental tiene para el desarrollo del niño, en mi tesina llego a la conclusión de que, desde la perspectiva de la Terapia Gestalt, el vínculo de apego se forma a través del proceso de contacto mediante las formas en que el bebé interactúa con su cuidador primario.

Otra de las conclusiones a las que llego en mi trabajo es que el vínculo y su calidad van a tener una estrecha relación con el devenir del desarrollo evolutivo del niño.

Otro aspecto que abordo en mi estudio es el establecimiento de una relación entre las distintas formas que el bebé tiene de contactar con su cuidador primario y las interrupciones que puedan producirse en el proceso de contacto.

En relación a las interrupciones, llego a la conclusión de que en la edad adulta son formas no adaptativas de contactar el individuo con el entorno, mientras que en la infancia temprana, las interrupciones deben ser contempladas como modalidades de contacto, es decir, como el único modo que el bebé tiene para relacionarse de una forma sana y nutritiva con el entorno inmediato —ajuste creativo— que supone la madre o el cuidador principal.

El proceso de contacto en la díada bebé/madre se produce mediante una secuencia evolutiva-relacional de modalidades de contacto (confluencia, introyección, proyección, retroflexión y egotismo) entre la maduración interna del niño y la progresiva separación de la madre.

En mi tesina, parto de la base de que el contacto-relación es la primera realidad fenomenológica ya que el organismo carece de significado fuera de su entorno, y este entorno solo tiene significado al ser percibido por el perceptor.

El primer contacto-relación del bebé se produce en un campo fenomenológico o situacional, en el cual se encuentran él y su cuidador principal (madre, padre o persona encargada de su cuidado).

El bebé y el cuidador principal, conjuntamente, crean su encuentro en la frontera/contacto donde se produce la experiencia que, si bien el bebé no la adquiere de forma consciente, la incorpora como fondo de su experiencia. Es interesante matizar que el bebé humano, al ser el mamífero más indefenso de la naturaleza, tiene una gran necesidad de su cuidador primario para su supervivencia, tanto física como emocional.

Cuando contemplo en mi estudio el desarrollo del bebé desde la Teoría del Self , llego a la conclusión de que sigue una secuencia cambiante y progresiva desde el momento en que aparecen las funciones temporales del self, es decir: la función ello en desarrollo, la función yo en desarrollo y por último la función personalidad en desarrollo, todas ellas como modos de aparición de las manifestaciones de búsqueda, rechazo o acercamiento por parte del bebé.

Proceso de contacto en la díada bebé/madre

De un modo muy breve, pasaré a exponer el proceso de contacto en la díada bebé/madre tal cual queda plasmado en las conclusiones de mi estudio con sus respectivas modalidades de contacto en cada una de sus fases: pre-contacto, toma de contacto, contacto final y post-contacto.

1-Pre­contacto

En el proceso de contacto y en la fase de pre-contacto, la modalidad de relación del bebé con la madre tiene lugar mediante la confluencia.

Si bien la confluencia en los adultos es un estado de “no-contacto” que puede implicar patología, en el bebé es una “confluencia primaria” que se utiliza como mecanismo de supervivencia y único modo posible de que el pequeño se relacione con la madre.

En las primeras semanas de vida, el bebé sólo experimenta necesidades fisiológicas (hambre, frío, sensaciones físicas corporales -función ello del self- ), no sabe controlar sus emociones y es incapaz de regularlas por sí mismo. Desconoce qué es lo que siente o la emoción que experimenta.

La emoción es el encuentro entre la sensación experimentada en el cuerpo y el estado del entorno. La emoción es siempre un evento que sucede en la frontera contacto organismo/entorno. Es por ello que a la madre le corresponderá actuar como un espejo emocional a través de las respuestas (emocionales) que ofrezca ante las necesidades de su hijo quien, de este modo, irá aprendiendo a autorregularse.

Conforme transcurra el tiempo, se irá haciendo necesario que esta sana y necesaria confluencia entre el bebé y la madre se rompa, a fin de permitir la diferenciación entre ambos ya que, en caso contrario, podrían surgir trastornos del vínculo al impedirse que exista un “yo” diferenciado en el campo relacional.

Hasta que no se produce la diferenciación entre la madre y el bebé, continua existiendo un “nosotros” indiferenciado y no un “yo” y un “ tú” diferenciado que propicie la individuación.

2-Toma de contacto

En esta segunda fase —toma de contacto— el bebé se relaciona con la madre mediante la introyección, la proyección y la retroflexión.

Si la confluencia primaria de la fase previa de pre-contacto ha sido asimilada, pasará a formar parte del fondo de la experiencia surgiendo una nueva figura: el entorno en todas sus posibilidades.

Hasta que no se produzca la diferenciación “yo-tú” en el campo/díada madre-­hijo, la madre será la encargada de satisfacer las necesidades del niño al traducir los mensajes que éste le transmita.

Una vez la madre satisfaga la necesidad del bebé, éste recobrará de nuevo su equilibrio hasta que surja una nueva necesidad. Tanto la madre como el bebé, asimilarán cada experiencia vivida que pasará a formar parte del fondo de la relación.

a) La introyección

Mediante la introyección, el bebé incorpora las vivencias más profundas de la madre, el afecto, el miedo, y tal vez lo más importante: la confirmación del bebé de que él existe para otro así como el sentido de pertenencia (el bebé sabe que existe para su madre).

Citando a Winnicott:

«La madre suficientemente buena desarrolla una sensibilidad que le permite intuir las necesidades del bebé discriminando las propias»

Así, la madre encuentra una regulación adecuada entre estar presente y ausente, entre gratificar y limitar, entre dar y respetar.

Llegado a este punto, da comienzo el inicio de la diferenciación en la díada madre­-hijo.

Según Stern:

«El descubrimiento de la distinción entre el yo y el otro se inicia hacia el cuarto mes de vida»

b) La proyección

La proyección es un elemento esencial en la constitución de las relaciones. Proyectamos para crear vínculos. Es el primer acercamiento perceptivo mediante lo que imaginamos o interpretamos.

En el bebé, la proyección es necesaria como una modalidad de contacto que facilita tanto su desarrollo evolutivo como el establecimiento del vínculo con la/s figura/s significativa/s. En este momento del proceso, si el niño no encuentra en el entorno el apoyo necesario frente a la necesidad emergente, no contemplará su necesidad como propia sino como algo que le ocurre al otro dentro de su campo relacional. De este modo, no reconocer como propia su necesidad, impedirá al niño cambiar la situación, manipular el entorno y por tanto, tener un adecuado desarrollo.

En aquellos casos en los que el niño no tenga el apoyo adecuado, existirá el riesgo de en etapas ulteriores de su desarrollo esta carencia se manifieste a través de ciertas patologías.

c) La retroflexión

Contemplada la retroflexión como una modalidad de contacto y como la capacidad del niño para ir desarrollándose con el apoyo de la/s figura/s significativa/s que le faciliten una independencia y una sana autonomía, así como el estímulo en su exploración y manipulación del entorno.

A partir de este momento, los dos miembros de la díada madre-­hijo deberán aprender y co-construir la relación, diferenciando cuándo el niño necesita pedir ayuda y cuándo puede actuar por sí mismo. Al mismo tiempo se irá perfilando cuándo la madre puede ofrecerle su ayuda o cuando debe inhibirse para facilitar al niño su autonomía.

3-Contacto final

La tercera fase del proceso madurativo de la relación en la díada madre­-hijo es la fase de contacto final.

Frente a la ansiedad del contacto final (angustia de separación) y mediante el egotismo sano, el niño va a tener una seguridad previa y necesaria antes de pasar a la experiencia del “nosotros” en la fase de post-­contacto.

4-Post-­contacto

El post-­contacto es la última fase del proceso de contacto. En esta fase, la confluencia sana es el objetivo del contacto y de la formación del vínculo de apego.

Cuando ya se han satisfecho las necesidades del bebé y finaliza el intercambio del organismo (bebé) con el entorno (madre), surge un período de retirada y de relajación en el que se hace posible la asimilación de la experiencia.

La novedad de la experiencia relacional vivida en la díada madre-hijo, es asimilada y es mediante la asimilación como la nueva experiencia se integra permitiendo que el self realice una expansión.


Clotilde Sarrió – Terapia Gestalt Valencia

Licencia de Creative Commons Este artículo está escrito por Clotilde Sarrió Arnandis y se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-No Comercial-CompartirIgual 3.0 España

 

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