Trabajamos pero no cobramos

El trabajo no remunerado es creciente. La economía colaborativa y otros modelos están cambiando la cadena de valor. Trabajo por dinero con tiempo, lugar y salario determinados es cosa del pasado.

Millones de personas en nuestro país y en todo el mundo han trabajado sin remuneración en desempeños silenciosos de enorme valor y poco dinero: son las mujeres que han ocupado el duro trabajo de ama de casa sin salario y, a menudo, sin reconocimiento social.

El empleo hasta la fecha era un contrato entre el trabajador y la empresa con un salario y unas condiciones laborales, notablemente lugar y horario, fijas. Esto está cambiando a gran velocidad con el empleo precario, a tiempo parcial, el teletrabajo, el autoempleo, el voluntariado, la llegada de los robots y otros factores.

¿Trabajamos más o menos? El paro no es quizá el mejor indicador de empleo. El paro se refiere al número de personas inscritas en las oficinas de empleo demandando trabajo. Es decir, si no están inscritas no son parados. Mejor indicador es la Encuesta de Población Activa. La población activa se define como el número personas en edad de trabajar que están buscando (parados) o tienen empleo (ocupados). Desde 2012 la población activa ha descendido. Sin embargo, ni la misma definición de ocupado y parado son del todo ilustrativas. La EPA considera parada a una persona que no ha trabajado en absoluto en toda la semana de la medición de la encuesta.

El indicador último del trabajo son las horas trabajadas. Si medimos las horas trabajadas por todos los españoles en un año, las cosas son más claras: independientemente de la precariedad, el paro o los contratos, lo cierto es que las horas trabajadas disminuyen. Según Eurostat, en España y en el resto de Europa las horas trabajadas disminuyen.

El tipo de empleo ha cambiado. Según la OCDE, el porcentaje de empleos a tiempo parcial aumenta en los países desarrollados, estando por encima del 20 % en Alemania, Japón o el Reino Unido. El trabajo disminuye mientras que otros indicadores como el PIB se han visto poco afectados por la crisis. Es decir, que la fuerza laboral tiene cada vez menos incidencia en la economía. La caída del empleo se hace notar en distintos indicadores que varían según los países. En todos los europeos disminuye la población activa, el número de personas que tienen o buscan empleo. En todos disminuye el número de horas trabajadas, es decir, en todos hay menos trabajo. En muchos aumenta el paro. Y en aquellos en los que el paro no ha aumentado, el descenso de horas trabajadas se traduce en un aumento de empleos a tiempo parcial.

¿Y qué hace la gente? ¿Está mano sobre mano viendo la tele? Muchos sí, pero en paralelo han aparecido movimientos de enorme pujanza que benefician a la sociedad aunque no generan dinero. Al estilo de las mujeres que llevan siglos trabajando sin salario, millones de personas trabajan sin cobrar.

Dentro de la economía colaborativa hay que distinguir entre la que genera dinero y la que no. La  primera tiene que ver con los nuevos modelos colaborativos de intercambio entre iguales como Uber, Airbnb o Blablacar. Aunque desde luego los intermediarios se llevan dinero, mucho dinero.

Pero hay otra economía colaborativa que no produce dinero.

Millones de personas en el mundo están deseando colaborar para construir un mundo mejor. Son voluntarios. El voluntariado altruista es un excelente ejemplo de las bondades humanas. Los voluntarios colaboran en organizaciones no gubernamentales (ONG) a lo largo del planeta. Son proveedores de servicios no remunerados. Esto es una enorme ayuda al desarrollo global.

En 2001, Jimbo Wales comenzó el proyecto Wikipedia, la enciclopedia libre. El crecimiento ha sido imparable y en la actualidad tiene más de cinco millones de artículos en inglés, más de un millón en español y en torno a 38 millones de artículos, incluyendo todos los idiomas. Esto equivale a unos 16.000 volúmenes impresos. Wikipedia es el séptimo sitio de Internet con 500 millones de lectores mundiales. Todos los editores son voluntarios. La economía tradicional no puede competir y está en retirada.

En 1983, Richard Stallman comenzó el proyecto de “software libre”. Lo que entonces era una rareza se ha convertido en un fenómeno de enorme pujanza. Cientos de miles de programadores en el mundo desarrollan programas que otros pueden aprovechar. Lejos de ser un movimiento marginal, ha cambiado la economía de los gigantes tecnológicos. La mayoría de las páginas web del mundo se basan en un programa llamado servidor Apache. Este programa pertenece a la Apache Software Foundation, una entidad sin ánimo de lucro. La mayoría de los móviles del mundo se basan en el sistema operativo Android que a su vez se basa en Linux, de código abierto. Es más, la mayoría de los ordenadores que gobiernan el mundo se basan en Linux.

Y desde luego debemos fijarnos en los creadores de contenidos que producen gratis, desde miles de blogs hasta artistas pasando por charlas online y presenciales sin coste.
Sí, seguimos trabajando. La gente quiere colaborar y aportar a la sociedad. Y trabajamos más que nunca. La diferencia es que no cobramos.

Artículo publicado en bez

Autor: 
noreply@blogger.com (Antonio Orbe)