UN REPASO POR LOS MECANISMOS DE DEFENSA QUE UTILIZAMOS

          Los mecanismos de defensa son aquellas estrategias inconscientes que todos usamos y que nos sirven para protegernos de una angustia interna y/o externa vivida en una intensidad elevada.

         Los mecanismos de defensa tienen una parte protectora, aunque también hay que observarlos para que no se queden fijados, y la angustia que se está bloqueando pueda ir apareciendo para ir manejándola.

         Voy a comentaros cuáles son los mecanismos de defensa más comunes, y pondré ejemplos para que sean mejor comprendidos.

1. DISOCIACIÓN

          La disociación tiene que ver con una desconexión o separación de elementos que normalmente se integran para comprender las vivencias que tenemos. La disociación puede afectar a la memoria, conciencia, pensamientos, emociones…

          Por ejemplo, la disociación suele ir vinculada con situaciones traumáticas, como puede ser una situación de abuso sexual, donde en un primer momento,  la persona no puede acceder a un recuerdo total y global de lo que le ocurrió, sino que es como si tuviera “trozos”, que a veces no sabe si son reales o no, no sabe si son un sueño (dificultad para acceder a la conciencia y a la memoria) y que puede relatar sin conectarse con sus emociones. En situaciones traumáticas, la angustia es tan elevada, que nuestra mente necesita disociar en partes. La terapia ayudará a ir integrando cada una de las piezas que están desconectadas.

          Por otro lado, todos hemos vivido algún episodio disociativo de menor gravedad, por ejemplo, pensad en algún día que habéis ido conduciendo y estábais absortos en vuestros pensamientos, y de repente os dais cuenta de que ha habido un tramo de la carretera del que no habéis sido conscientes de haber recorrido. Eso sería un episodio leve de disociación.

2. NEGACIÓN

          La negación sería una manera que tiene nuestra mente de “no querer enterarse de aquello que es doloroso”, y entonces se niega, es como si no existiese.

          Por ejemplo, imaginemos una pareja que tienen un niño y empiezan a ver ciertos comportamientos que indican una posible anomalía en su crecimiento. Puede ser que una parte de esta pareja quiera pedir ayuda y preguntar acerca de qué puede estar significando lo que le ocurre a su hijo, y la otra parte puede expresar: “Está perfectamente, no le pasa nada”. Este sería un ejemplo de negación, frente a algo observable, este progenitor no tolera el sufrimiento de lo que podría conllevar esa noticia.

3. IDEALIZACIÓN

          La idealización tiene que ver con sólo focalizarse en aquellos elementos positivos y deseados, ya sean reales o imaginados que se tienen frente algo o alguien. Se dejan a un lado los negativos.

          Por ejemplo, en una ruptura de pareja no deseada, puede pasarse por una fase de idealización, donde sólo se recuerda lo bonito y aquellos aspectos positivos de la relación, para no enfrentar otros aspectos negativos o que no funcionaran bien en la relación.

4. RACIONALIZACIÓN

          Se trata de justificar mediante razonamientos lógicos aquello que ha sucedido, apartando los aspectos emocionales.

          Por ejemplo, imaginemos un fallecimiento de un ser querido. Frases como: “A todos nos llega la hora, esto es ley de vida, con el tiempo pasará…” serían racionalizaciones frente a una situación que también está provocando emociones que se estarían bloqueando dando paso a la razón.

5. REGRESIÓN

          La regresión implica volver a conductas infantiles, que no se corresponderían con la edad de la persona según su momento evolutivo.

          Por ejemplo, cuando un niño de 6 años acaba de tener un hermanito, puede tener conductas regresivas para contrarrestar la angustia que le ha podido producir la llegada del hermano. Podría volver a pedir que quiere tener chupete, o tomar biberón, o que le cojan a él también en brazos para dormirle…

          Otro ejemplo en los adultos se observa cuando nos ponemos enfermos. Pensad si habéis tenido alguna conducta regresiva para que os cuiden.

6. REPRESIÓN

          La represión consiste en excluir de la conciencia aquellos recuerdos que provocan sufrimiento. Sería algo así como “olvidar lo que ha causado angustia”.

          Por ejemplo, si uno repasa las fotografías del pasado o alguien comenta alguna anécdota, puede ocurrir que uno sea consciente de que es un recuerdo como que uno hubiera olvidado o borrado de su memoria.  

           Estos son algunos de los mecanimos de defensa más importantes que utilizamos. La idea es que puedan ser un escudo dinámico, que a veces estén para protegernos, pero que otras veces nos los podamos quitar.

 

 

 

 

Autor: 
Maria Gutierrez