De la Tecnología para el Consumo a la Tecnología para las Personas (1)

Hagamos robots que mejoren nuestro bienestar

Se cumplen 20 años desde que en 1995 empecé a trabajar como ingeniero, la gran pasión que animó mi tiempo de ocio cuando era sólo un niño, construyendo pistas de bolas y artilugios de cartón en los largos meses del verano.

Tras pasar por varias empresas tecnológicas he podido tocar los más diversos sectores: telescopios e instrumentos para la observación del cielo, diseño de máquinas para la industria, instalaciones de energía solar, aeronáutica y espacio. Y tras este tiempo todavía sentía que me faltaba algo...

Allá por el otoño de 2010, empecé mi segunda carrera universitaria, Psicología, la cual estoy ya cerca de completar. Seguramente lo que me atrajo desde mi afán tecnológico, fue el impulso de querer comprender cómo funciona la máquina más compleja (¡¡que no la más perfecta!!): el cerebro humano. También reconozco que me influyó el ánimo de dar un cariz más social a mi evolución profesional.

Trabajando como ingeniero he estado cerca de las máquinas... pero no de las personas. Todo esto que hacemos los ingenieros, ¿en qué medida contribuye al progreso humano?

Consumo vs. Personas

El devenir de las sociedades occidentales nos ha llevado a un gran desarrollo tecnológico con su foco puesto en el CONSUMO.

El consumo permite que las empresas crezcan y los países generen riqueza.

Un ejemplo en el que podemos verlo muy claro es en la industria de los teléfonos móviles. Los grandes fabricantes sacan un modelo nuevo cada año, esperan (y consiguen) que los usuarios cambiemos frecuentemente de aparato para que podamos disfrutar de las últimas características que incorporan.

Pero realmente... ¿necesitamos cambiar de móvil cada año?

¿Por qué no centrar los esfuerzos en responder a necesidades y problemas de fondo del ser humano,

  en lugar de crearle nuevas necesidades con un marketing que todo lo puede?

Y aquí está el origen y el porqué del slogan que da sentido a nuestra marca PsykiaTecnología Social para las Personas.

De la Tecnología para el Consumo a la Tecnología para las Personas

Se ha demostrado sistemáticamente en trabajos realizados en diferentes partes del mundo que la robótica puede aportar grandes beneficios al desarrollo de los niños con trastornos del espectro autista.

El proyecto que inicié a principios de 2015, el Robot Social IO, partió de esta expectativa. En los meses de este otoño iniciamos la validación en las consultas de los centros colaboradores.

Os presento a IO... Perdón por el aspecto, resulta que lo hemos pillado a medio vestir:-O

Pues eso decía, IO quiere ser un instrumento en manos de los terapeutas que trabajan con niños que sufren de Trastornos del Desarrollo.

Y la primera pregunta que surge es...

¿realmente un robot puede ser social?

Lo ilustramos y cerramos este primer artículo con una breve historia que nos va a dar alguna pista de por dónde va la tecnología en este asunto:

Robots que quieren aprender a improvisar

DARPA, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa de los Estados Unidos, trabaja en un proyecto que consiste en enseñar a un robot a componer jazz. La música, en general, es considerada un gran referente de la cultura y la creatividad. Ya son habituales las composiciones hechas por ordenador, como es el caso de Iamus, un compositor virtual de la Universidad de Málaga, capaz de crear composiciones de música clásica contemporánea sin repetirse. Pero el caso del jazz es bien diferente.

Se trata un estilo que requiere grandes dotes de improvisación, algo que a día de hoy es un hándicap para las máquinas. O bien las programamos para que ejecuten una serie de acciones preestablecidas o bien las entrenamos, mostrándoles diferentes ejemplos para que sean capaces, por ejemplo, de identificar personas a partir de sus rasgos faciales.

Es justamente la espontaneidad una de las características clave en las relaciones humanas. Cuando entablamos una conversación informal con un amigo, no tenemos preestablecido qué vamos a decir, o cómo vamos a responder a determinadas preguntas. Simplemente nos dejamos llevar por el hilo de las frases que vamos intercambiando.

Es posible que por esta vía de la habilidad de improvisar y adaptarse con espontaneidad al entorno, los robots empiecen a ser verdaderamente SOCIALES.

Yo ya me he enganchado a este reto.

En el próximo artículo os daré más detalles de cómo es IO y cómo funciona, además de contaros alguna anécdota más sobre este sorprendente mundo de la robótica social.

Hasta pronto.          [Ya disponible la 2ª parte Cómo un robot social puede estimular a un niño con autismo]

 Bernardo Ronquillo Japón. Ingeniero Industrial y desarrollador en Inteligencia Artificial. Creador del Robot Social IO y fundador de la startup Psykia.

brjapon@psykia.com / +34 678 59 01 71   es.linkedin.com/in/brjapon/es